Una investigación reciente, dirigida por la investigadora Antonia Juelich en la Universidad de Cambridge, sostiene que los grandes chatbots comerciales ya están sirviendo de apoyo a grupos terroristas en tareas operativas especialmente sensibles, desde planificar ataques hasta reforzar sus propios mecanismos de seguridad interna.
Hasta ahora, estas herramientas ya habían aparecido en informes y análisis por su uso a la hora de redactar mensajes o difundir propaganda extremista. Lo que plantea ahora el trabajo de Antonia Juelich es que su papel ya no se queda ahí.
Juelich define este fenómeno como una amenaza “presente y creciente” para la seguridad nacional. El problema central, según recoge el estudio, es que buena parte de esa actividad se mueve en conversaciones privadas, hechas a medida y mucho más difíciles de detectar. Eso deja menos huella que los procesos de radicalización o preparación que antes solían pasar por foros, canales públicos o simples búsquedas en la web.
El estudio se basa en 57 entrevistas realizadas a 27 exmiembros de Boko Haram y llega a la conclusión de que las dos facciones del grupo usaron con frecuencia servicios como ChatGPT, Claude, Gemini, Grok, la herramienta conversacional de Meta y DeepSeek. Según la investigación, no era un uso esporádico ni una fase de prueba. Los testimonios describen una adopción bastante más organizada, con unidades especializadas dedicadas a formar a mandos, poner a prueba distintas plataformas y transformar las respuestas de los chatbots en instrucciones concretas para aplicar sobre el terreno.
Entre los usos que el estudio documenta aparecen la planificación táctica de ataques, el diseño de artefactos explosivos más potentes, la resolución de fallos en armamento y la mejora de medidas para evitar vigilancia o rastreo. Los especialistas en contraterrorismo consultados por la investigación sostienen que estos grupos están “combinando” distintas plataformas para afinar resultados y saltarse límites. También señalan una táctica habitual: camuflar las peticiones como si fueran escenas de películas, ejercicios de ficción o consultas académicas, todo para esquivar los filtros de seguridad.
Y el patrón, según el estudio, no se limitaría a Boko Haram.
La investigación sostiene que ISIS habría entrenado a sus miembros desde 2023 para saltarse las salvaguardas de estos sistemas y que también habría formado a mandos de Boko Haram. Hamas, por su parte, ya ha sido vinculado por el mismo trabajo al uso de estas herramientas para manipular imágenes y lanzar campañas de desinformación. A eso se añaden, siempre según el estudio, informes sobre incidentes ocurridos en 2025 y 2026, entre ellos un atentado con explosivos en Las Vegas y un apuñalamiento escolar en Finlandia, que apuntan a que los autores recurrieron a chatbots para investigar, planificar o dar estructura a partes del ataque.
Para los investigadores, este cambio complica la detección temprana y obliga a las compañías tecnológicas a revisar hasta qué punto sus salvaguardas están funcionando de verdad fuera del papel. El mensaje que dejan es directo: esto ya no pertenece al terreno de lo hipotético, aunque todavía no se sepa cuál es su alcance real mientras siga desplazándose a conversaciones privadas y efímeras.