A estas alturas ya deberíamos saber todos que el declive de Atari y la primera gran crisis de los videojuegos estuvo provocada por una suma de problemas (entre ellos, el crecimiento sin control y el gasto desaprensivo) que, por resumir, se ejemplificaron en un solo cartucho: E.T., un videojuego que fue tal fracaso que, junto a otros títulos que no se vendían, acabó siendo enterrado en el desierto de Nuevo México. 1982 y el extraterrestre de Steven Spielberg pasaron a formar parte de la leyenda negra de la industria… Y, sin embargo, a la larga ni siquiera fue el peor juego que adaptaba esa película.
Mi casa, mi consola
De hecho, hay quien dice que el gran problema del E.T. de Atari es intentar jugarlo sin leerse el manual de instrucciones. Una vez leído y entendido, no es que sea bueno, pero al menos es jugable y tiene cierto sentido. Y solemos olvidarlo entre las risas y el señalamiento pop, pero en un principio fue un éxito y vendió más de un millón de unidades. Nada mal para un juego que se hizo en apenas un mes (quizá el título mainstream que se ha hecho más rápido en toda la historia) y que podría haber sido un simple remedo de Pac-man, como, por otro lado, quería Spielberg, pero intentó llegar más lejos.
El resultado final es más o menos conocido por todos: la industria de los videojuegos vivió su mayor crisis hasta ahora, y todas las consolas que trataban de competir por aquella época (Intellivision, Colecovision, Atari 5200) no levantaron cabeza. Durante un año, hasta la salida de la NES, el mundillo se consideraba un peligro para cualquiera que quisiera invertir en él. Y a lo largo de los años, ¿a quién se puso en el centro de la diana? Efectivamente: a E.T.
A nadie en sus cabales se le ocurriría repetir el fiasco y re-adaptar la película en cuestión, ¿verdad? Si habéis contestado que sí, es que no entendéis la necesidad imperiosa de Hollywood (y de la industria del entretenimiento en general) por construir franquicias a la desesperada. Por un lado, estaban tratando de presionar a Spielberg para hacer una secuela, pero por suerte supo destruir la idea desde su origen proponiendo una absoluta perversión de la original.
Por otro, William Kotzwinkle había escrito una secuela oficial, El libro del Planeta Verde, en la que E.T. llegaba a su planeta, Brodo Asogi, donde le mandaban al exilio y rompía todas las normas para tratar de volver a llegar a la Tierra, donde Elliott ya se había hecho adolescente y no estaba para las cosas de su amigo. Esta secuela literaria dio lugar a una atracción en Universal Studios Florida, donde la mayor innovación era que E.T. se despedía de la gente diciendo su nombre. Si estaban explorando secuelas, libros y atracciones, ¿cómo no iba a haber más videojuegos?

Intentándolo otra vez más
En 1983, en plena crisis, Atari 2600 trató de exprimir la vaca con E.T. Go Home!, un videojuego alemán originalmente titulado UFI y su peligrosa misión y al que cambiaron el título esperando que alguien picara. Fue, efectivamente, un desastre, pero parece que no dio las pistas suficientes a Atari de que, simplemente, la franquicia no daba dinero, porque poco después se lanzó E.T. Phone Home!, en el que Elliott debía encontrar las piezas que su amigo necesitaba para irse a casa. Podías pasártelo en siete minutos y era tan divertido como mirar por la ventana, solo que añadiendo una banda sonora crispante.
Tuvieron que pasar casi dos décadas para que alguien se atreviera a volver a lanzar algo relacionado con la franquicia maldita. En este caso fue Game Boy Color, que con E.T.: Escape from Planet Earth volvió a darle vueltas a los mismos conceptos que los desastres anteriores. Una vez más, había que encontrar las diferentes partes del comunicador de E.T para que pudiera marcharse de la Tierra, aunque en este caso sí consiguieron crear algo un poco diferente: un juego de estrategia básico basado en laberintos que… ¿Francamente? Podría ser peor. Como quedó demostrado después, por otro lado.
En 2002 vio la luz un juego para PlayStation (E.T.: Interplanetary Mission), repleto de puzzles para niños, que no escondía mucho más en su interior pero era, por lo menos, jugable. En los últimos retazos de Game Boy Color, sin embargo, llegó un título que dividió a los (pocos) que lo jugaron: E.T. and the Cosmic Garden, en el que nuestro extraterrestre favorito tenía que plantar, regar y mantener a raya a los bichos que quisieran comerse sus plantas. ¡Justo lo que uno se imagina cuando piensa en E.T!
El peor juego de E.T.
De hecho, llegó a tener una especie de remake en una app que intentaba capitalizar el éxito de Farmville pero con el extraterrestre como protagonista: The Green Planet, que, se supone, hacía un homenaje a la película en su 30 aniversario. ¿Y cuál es la mejor manera de homenajearla? Exactamente: haciendo algo que no se parezca en absoluto a ella.
Antes tuvimos un par de juegos para ordenador: E.T.: Phone Home Adventure, una aventura gráfica donde (¡ojo a la innovación!) debía conseguir las piezas de su transmisor para poder volverse a su planeta. El mismo argumento en todos los videojuegos de E.T. desde el de Atari. Pero claro, innovar era aún peor. La prueba es otro título, que es probablemente lo peor que se ha creado nunca con el personaje como protagonista: ¿Conoces E.T. Away From Home?
Ni tú ni prácticamente nadie: el juego, lanzado solo para ordenador, es un desastre con puzzles absurdos para los que había que tirar dados y salvar a nuestro extraterrestre favorito de la manera más cutre, salvajemente inacabada y amateur posible. SI creías que el E.T. de Atari era un horror es porque aún no has abierto las puertas del infierno (por suerte para ti). Si te atreves, echa un vistazo. Eso sí, bajo tu propia responsabilidad: si el de Atari se creó en un mes, este no aparenta estar más trabajado. ¡Sobre todo para los juegos que salían ya en 2002! Al fin y al cabo, este fue el mismo año de Super Mario Sunshine o Metroid Prime: ¿Cómo es posible que alguien decidiera conscientemente jugar a E.T: Away From Home?
Es un juego absolutamente inenarrable, tremendamente desconocido y que convierte al de Atari casi en una obra maestra. Eso sí, nos deja una pregunta en el ambiente: ¿Algún día podremos tener un buen juego de E.T? La respuesta parece condenada a ser “No”.