Para cuando la segunda película de Los Simpson llegue a la cartelera de los cines, la serie tendrá ya visos de encarar su temporada 40. Y en ese tiempo han tenido la infinita suerte de que ninguno de sus cuatro protagonistas (Dan Castellaneta, Julie Kavner, Yeardley Smith y Nancy Cartwright) haya sufrido ningún accidente que les impidiera seguir haciendo la serie.
De hecho, con toda probabilidad los cuatro volverán para esta secuela cinematográfica, que muchos esperan que sea un punto y aparte para la serie, quizá presentando a nuevos actores de voz: todos tienen edad para retirarse y no hay que tener un oído privilegiado para notar que sus timbres son distintos. Los personajes han crecido y envejecido porque quienes les ponen voz también lo han hecho. ¡Harry Shearer, que le pone voz al Sr. Burns, tiene ya 81 años! En algún momento hay que poner un punto y aparte, ¿no?
Juego con mi melocotonero
Pero quizá todo hubiera cambiado si la primera película de Los Simpson hubiera llegado cuando la tenían en mente, allá por 1992. En aquel momento, la familia amarilla estaba en el momento álgido de su fama y Bart, que por aquel entonces era la voz de una adolescente generación X, estaba dejando paso en la serie al protagonismo absoluto de Homer, que no ha vuelto nunca a marcharse de ese lugar. Entonces, desde Fox empezaron a presionar: hay que aprovechar porque nadie sabe cuánto va a durar esta aventura, ¿para cuándo el paso al cine?
Matt Groening y sus guionistas no sabían muy bien lo que hacer con esta petición, así que la ignoraron y siguieron adelante hasta que James L. Brooks, el productor, vio uno de los últimos episodios producidos en la temporada 3 (que se estrenó como el primero de la 4), Kampamento Krusty, e insistió en que el guion podía utilizarse para hacer la añorada película. Solo hacía falta añadir chistes aquí y allá, y estirarla un poquito. Los colaboradores habituales de la serie no lo vieron tan claro como Brooks, desde luego.
La realidad era que el guion ni siquiera daba para los 22 minutos habituales. De hecho, para que pudiera emitirse tuvieron que añadir versos a la famosa canción que cantan los chavales, porque no llegaban al mínimo. Y no era el único problema: necesitaban el capítulo para ponerlo el primero de la cuarta temporada o, de lo contrario, tendrían que retrasar una semana el estreno: “Primero, si lo convertimos en película no tenemos una premiere, y segundo, si no podemos sacarle 18 minutos, ¿cómo se supone que vamos a hacer 80?”, le dijo el entonces guionista Al Jean a Brooks. Y funcionó: la idea se desestimó inmediatamente.
Después, Los Simpson lo volvió a intentar con una parodia de Fantasía, la película de Walt Disney, pero Simpstasia, por mucho que Groening estuviera entusiasmado por la idea, no llegó a buen puerto. De hecho, Los Simpson: La Película iba a tener muchos números musicales, pero se fueron eliminando progresiva y tristemente. Otra idea más fue hacer una versión en acción real de la vida de Troy McClure, pero la muerte de su actor de voz, Phil Hartman, acabó con ella antes de tener un guion.
También sabemos que uno de los guiones no utilizados de la película acabó convirtiéndose en el episodio de la temporada 17 La hoguera de los manatíes (que, por cierto, es malísimo), además de tantear el retorno de Hank Scorpio o una especie de parodia de El show de Truman (que más o menos también acabó llegando a televisión). Como decía su mítica canción, Los Simpson no acabarán nunca. La pregunta es, viendo todos los terribles destinos que supieron bordear en 2007, si seguirán teniendo mano con los espectadores o, en el fondo, ya estamos todos un poco hartos de la serie inmortal.