Un equipo de astrónomos ha descubierto un sistema binario de agujeros negros supermasivos en una galaxia situada a unos 4.000 millones de años luz de la Tierra. El hallazgo lo realizó la nave espacial TESS de la NASA, que observó cómo uno de los agujeros negros de la galaxia OJ 287 atravesaba el disco de acreción del otro, creando un cuásar doble durante un breve instante.
El cuásar, un núcleo extremadamente activo de una galaxia lejana, es el producto de un agujero negro supermasivo que consume ingentes cantidades de materia. Parte de esta materia sale expulsada en un chorro colimado magnéticamente, creando un intenso brillo cuando lo observamos de frente conocido como blazar.
Las observaciones de la galaxia OJ 287, uno de los ejemplos más cercanos de blazar, datan de finales del siglo XIX, siendo visible con un simple telescopio de aficionado. Cada 12 años, el brillo de OJ 287 se intensifica, un fenómeno que Pauli Pihajoki, un estudiante de doctorado de la Universidad de Turku, atribuyó en 2014 a la presencia de un segundo agujero negro menos masivo que orbita al primario en una órbita alargada.
Pihajoki también sugirió que el agujero negro secundario podría robar parte de la materia del disco de acreción del primario y producir su propio chorro de cuásar durante un corto periodo de tiempo. Esta predicción se confirmó finalmente el 12 de noviembre de 2021, cuando la TESS detectó un aumento de brillo en OJ 287, acompañado por observaciones de los telescopios de rayos gamma Swift y Fermi de la NASA. “Ahora podemos decir que hemos ‘visto’ por primera vez un agujero negro en órbita”, declaró Mauri Valtonen, de la Universidad de Turku.

Las observaciones también confirmaron que el agujero negro primario tiene 18.350 millones de masas solares (1 unidad de masa solar equivale a 332.946 veces la masa de la Tierra), mientras que el secundario, mucho más pequeño, tiene “tan solo” 150 millones de masas solares. Además, se sabe que el evento produjo tanta energía como 100 galaxias promedio en 12 horas.
Según Achamveedu Gopakumar, del Instituto Tata de Investigación Fundamental de la India, el agujero negro más pequeño podría revelar su existencia a través de ondas gravitacionales nano-Hertz, que podrían detectarse por sistemas de cronometraje de púlsares en los próximos años.
Las fusiones entre agujeros negros supermasivos, que emiten ondas gravitacionales, son un factor clave en su crecimiento. Aunque estas ondas tienen una frecuencia demasiado baja para ser detectadas por el Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferómetro Láser (LIGO), un nuevo detector espacial, denominado LISA (acrónimo en inglés de “Antena Espacial por Interferómetro Láser”), podría observar estas coalescencias en el futuro.
Fuente: Space.com