Xbox Game Pass, el servicio de suscripción de Microsoft, vuelve hoy al centro de la discusión por unas declaraciones de Mike Brown, exdirector creativo de Forza Horizon 5, que resumen el problema con una idea bastante simple: para el consumidor, el servicio es muy atractivo, pero no está tan claro que haya suficiente gente dispuesta a pagar un precio que lo haga sostenible a largo plazo.
La crítica llega en un momento incómodo para Microsoft. En julio de 2026, Game Pass rondaría los 30 millones de suscriptores, según varios reportes. Es una cifra por debajo de los 34 millones registrados a comienzos de 2024 y muy lejos de la proyección interna que apuntaba a 77 millones para 2026.
Brown ha dicho que Xbox Game Pass es una propuesta con “mucho potencial” y que el público, en líneas generales, la ha recibido bien.
Lo que plantea es otra cosa: el modelo no termina de cuadrar entre precio, escala y rentabilidad. Por eso la desaceleración del servicio ya no suena a debate lejano ni teórico. Desde la propia cúpula de Xbox, de hecho, Microsoft ya ha reconocido que el crecimiento se quedó corto.
La CEO de Xbox, Asha Sharma, admitió hace poco que Game Pass no creció al ritmo que esperaban y que, además, se había vuelto demasiado caro para muchos jugadores.
Ese reconocimiento encaja con las dudas que rodean al servicio desde hace tiempo, sobre todo ahora que la industria intenta medir qué efecto real tiene sobre las ventas, los márgenes y el valor que se le da a cada juego.
Según distintos reportes, uno de los golpes más duros para Xbox Game Pass fue la subida del 50 % en el precio de Game Pass Ultimate aplicada en octubre de 2025.
Aquella decisión habría provocado, según esos mismos reportes, la pérdida de millones de suscriptores y obligó a Microsoft a rectificar unos meses después, con una rebaja en abril de 2026. El episodio dejó más clara una de las grandes objeciones al modelo: si el precio sube demasiado, la base de usuarios se resiente; si se mantiene bajo para atraer volumen, la rentabilidad entra en duda. Ahí es donde encaja la observación de Brown sobre lo difícil que es encontrar una cifra que los jugadores acepten y que, a la vez, cierre en términos económicos.
El menor crecimiento de la suscripción también se ha señalado como uno de los factores detrás de la fuerte reestructuración de la división gaming de Microsoft.
La compañía planea recortar 3.200 puestos hasta el ejercicio fiscal 2027 y estudia desprenderse de algunos estudios, siempre según distintos reportes. Al mismo tiempo, Microsoft ha introducido nuevos planes de precio y ya ha indicado que los próximos Call of Duty no llegarán día uno a Game Pass. Para muchos analistas, ese giro apunta a una revisión del modelo original con un objetivo claro: proteger ingresos que antes podían diluirse con lanzamientos incluidos desde el primer día.
Dentro y fuera de Xbox, las críticas no se quedan solo en el número de abonados.
Algunos responsables de estudios habrían sostenido que Xbox Game Pass devalúa los juegos, y un antiguo jefe de estudio llegó a describirlo como una “carrera a la baja”, mientras sigue abierto el debate sobre si la suscripción canibaliza ventas a precio completo. También sigue sin estar claro cómo funciona el servicio fuera de los mercados occidentales y cómo se reparte exactamente el dinero entre Microsoft, las editoras externas y los indies. Dicho de otro modo, la gran pregunta ya no es si Game Pass fue una buena idea para el usuario, sino si puede seguir siéndolo para el negocio.