En el marco del Festival de cine de San Sebastián se ha estrenado La virgen roja, la nueva película de la popular directora Paula Ortiz (La novia, Teresa) en la que Najwa Nimri y una jovencísima y sorprendente Alba Planas interpretan a una madre y una hija con una relación de todo menos sana. La película, más allá de ser un éxito que tiene todas las papeletas de ganar todos los premios posibles, cuenta una historia real emotiva, dramática y apasionante: la fascinante vida de la escritora Hildegart Rodríguez.
La trágica historia de Hildegart Rodríguez
Nacida en la Madrid de 1914, Hildegart Rodríguez no era una niña cualquiera. Desde antes de su nacimiento, su madre, Aurora Rodríguez, tenía un plan: concebir a una mujer excepcional; a una líder que cambiaría el mundo. Aurora, una feminista radical y visionaria como muy pocas en su tiempo, decidió moldear a su hija desde el vientre. Y, en cuanto nació, fue educada desde la cuna con una disciplina férrea y un único propósito: convertirse en la heroína de la revolución social que su madre imaginaba.
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Suscríbete (es GRATIS) ►Hildegart era una niña prodigio. A los 8 años ya escribía sobre temas filosóficos, y antes de cumplir los 18, había terminado sus estudios en Derecho, Filosofía y Letras y Medicina. Algo absolutamente único e inigualable para la época. Su inteligencia deslumbraba a todos, pero no solo por sus logros académicos. Escribía libros, ofrecía conferencias y militaba activamente en el Partido Socialista. Entre sus ideas radicales para la época estaban la defensa de la emancipación de la mujer, la educación sexual y los derechos civiles. Sin duda, era una adelantada a su tiempo en una España que todavía luchaba con sus propias tradiciones conservadoras.

Pero cuanto más se destacaba Hildegart, más celosa se volvía su madre. Aurora, que había diseñado cada paso de la vida de su hija, empezó a notar algo aterrador: Hildegart comenzaba a pensar por sí misma, a tomar sus propias decisiones. Quería explorar el mundo, distanciarse de los rígidos planes de su madre y volar con sus propias alas. Y esto, para Aurora, fue una traición. Temía perder el control sobre su “obra perfecta” y, en su mente desequilibrada, empezó a considerar que era mejor destruirla antes que verla fracasar o desviarse del destino que había trazado para ella.
Después de muchos tiras y aflojas en una relación de amor-odio excepcional, Aurora tomó una pistola en una madrugada de junio de 1933 y entró en la habitación de su hija mientras dormía. Le disparó cuatro veces, una en cada lugar de su cuerpo que consideraba un motor para ella, y acabó con su vida cuando tan solo tenía 18 años.

El asesinato de Hildegart conmocionó a toda España e incluso más allá de sus fronteras. Era una joven brillante, una de las mentes más prometedoras del país, pero fue silenciada por la persona que la creó y la crió tal y como imaginaba que sería la mujer del futuro. Aurora confesó el crimen con dignidad. Según ella, “una estatua, antes de que sea destruida por otros, es mejor destruirla uno mismo”.
En La virgen roja, la directora Paula Ortiz y los guionistas Eduard Sola y Clara Roquet conforman una historia única como pocas veces se ha visto antes en España. Una película perfecta en su forma y abrumadora en su narrativa, que te atrapa de principio a fin gracias a sus protagonistas y que te hace plantearte cómo puede ser verdad todo lo que relatan.