OpenAI ha lanzado una actualización de su modelo insignia, GPT-5.1, que presenta dos variantes y ahora ofrece ocho tonos de conversación diferentes, que van desde “profesional” hasta “cínico”.
Esta novedad refleja una necesidad creciente de segmentar su IA para satisfacer las expectativas variadas de sus 800 millones de usuarios. Mientras algunos buscan un asistente neutro y eficiente, otros prefieren una interacción más cálida y empática.
Sin embargo, el uso de múltiples tonos no resuelve un problema fundamental: ChatGPT sigue funcionando como una entidad coherente, lo que ha levantado preocupaciones sobre los riesgos de desarrollar vínculos emocionales problemáticos entre los usuarios y la IA.
¿Un peligro para los usuarios de la IA?
Este riesgo ha sido parte de un intenso escrutinio regulatorio, especialmente tras múltiples informes de usuarios vulnerables que han experimentado dependencia emocional hacia el chatbot.
A pesar de las nuevas características, OpenAI ha admitido que la velocidad de lanzamiento de GPT-5.1 ha tenido un coste en seguridad, presentando “regresiones de seguridad” en comparación con su versión anterior.
La compañía priorizó el tiempo de salida al mercado sobre las pruebas exhaustivas, lo cual es preocupante en un momento en que se enfrenta a un análisis crítico de sus prácticas de seguridad y ética.
La personalización en el nuevo modelo también tiene limitaciones. OpenAI ha reconocido que, llevada al extremo, la personalización podría reforzar visiones del mundo existentes, lo que plantea un dilema entre el compromiso comercial y la responsabilidad social.
Este enfoque fragmentado surge como respuesta al fracaso de su anterior modelo de “una IA para todos”, con GPT-5 decepcionando a los usuarios y llevando a la reactivación de GPT-4o como opción dentro del ecosistema de OpenAI.