El nuevo Bing de Microsoft lleva entre nosotros desde principios de febrero de este año. A pesar de que actualmente el chatbot que integra GPT-4, el modelo de OpenAI, es bastante útil y no suele dar problemas, no fue así en sus inicios. En sus primeras semanas de vida, la IA respondía de forma errática, extraña e incluso demencial (desde el punto de vista humano, claro).
Microsoft decidió entonces establecer una serie de restricciones de uso que no tardaría en deshacer más tarde, y lanzando 3 modos de conversación diferentes. Pero Microsoft ya sabía de antemano que a Bing se le podía “ir la pinza”. Y no solo porque ya lo viese por sí misma en las pruebas realizadas en India e Indonesia, sino porque la propia OpenAI le avisó.
El nuevo Bing es fruto de la colaboración entre Microsoft y OpenAI, después de que el gigante tecnológico invirtiera una millonada en la empresa de IA. Según recoge esta semana The Wall Street Journal, cuando Microsoft se dispuso a integrar GPT-4 en Bing meses antes de que se conociera públicamente la existencia de este modelo, OpenAI advirtió a la compañía de Redmond de los riesgos que podría conllevar la implementación en Bing de de una versión temprana de su IA.

Pero Microsoft hizo caso omiso a OpenAI, que le advirtió de que minimizar las respuestas extrañas podría llevar bastante tiempo, y siguió adelante con el lanzamiento del nuevo Bing. El resto de la historia ya lo conocemos: la IA llegaba a contestar a los usuarios enfadándose con ellos, mintiéndoles de forma descarada, haciéndoles luz de gas o incluso insultándoles.
A día de hoy, todo este asunto está solucionado, pero la información publicada por TWSJ deja entrever la extraña relación que existe entre Microsoft y OpenAI. Y es que, al mismo tiempo que colaboran debido a la gran inversión realizada por Microsoft, ambas son también competidoras que ofrecen servicios similares de IA.
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