Es 31 de diciembre y, al echar la vista atrás, no se me ocurre un año en el que el cine nos haya dado más sorpresas, alegrías y decepciones. Sin duda, ha sido un año muy interesante en lo que al audiovisual se refiere, y por más que la cultura de los remakes, los spin-offs y las secuelas siga vigente, cada vez hay más hueco para un cine original que se salta todos esos límites y ofrece experiencias únicas para el espectador.
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Suscríbete (es GRATIS) ►Pero, de entre todas las películas que he visto en 2024, sin duda me quedo con una que se estrenó internacionalmente el pasado enero: Perfect Days. Dirigida por Wim Wenders y Proveniente de Japón, la película pasó algo desapercibida en la temporada de premios —no logró ni la Palma de Oro ni el Oscar a mejor filme internacional, ambas categorías en las que competía—. Sin embargo, quienes la hemos visto coincidimos en que es una película ya no solo exquisita de ver, sino necesaria en nuestros días.
Una invitación a parar y disfrutar de todo a tu alrededor
Perfect Days nos pone en la piel de Hirayama (Kōji Yakusho), un hombre que parece totalmente satisfecho con su sencilla vida de limpiador de váteres en la megalópolis de Tokio. Más allá de su trabajo, apenas disfruta de pasiones mundanas como la música, los libros y hacer fotos a árboles en los parques. Pero ¿qué hay detrás de una figura que nos encontramos en nuestro día a día y que tan por alto pasamos?

Hirayama no es solo un pequeño drama existencialista que nos hace ver la vida desde otro punto de vista, sino también una invitación a parar, reflexionar y respirar aire limpio en plena vorágine tecnológica de redes sociales, contaminación, globalización y desesperanza. Es una incitación a dejar atrás todo lo mundano y centrarnos en lo que de verdad importa de la vida. Y eso, hoy día, es algo que muy pocos son capaces de apreciar.