Star Trek por fin ha decidido qué hacer con Alexander Rozhenko dentro de la continuidad actual de los cómics de IDW Publishing. Treinta y seis años después del debut del hijo de Worf, la franquicia lo coloca como médico en la U.S.S. Enterprise-G y le da un rumbo nuevo de verdad. Después de mucho tiempo cargando con la fama de ser uno de los personajes peor tratados de Star Trek: The Next Generation y Star Trek: Deep Space Nine, Alexander empieza a salir de ese sitio ingrato de heredero problemático y a levantar una identidad propia.
Lo más llamativo es que Alexander Rozhenko ya no gira alrededor del intento de parecerse a su padre, Worf. Ahora ejerce como médico a bordo de la U.S.S. Enterprise-G, y ese puesto hace bastante más que cambiarle el uniforme: deja de ser “el hijo de Worf” como etiqueta automática y obliga a mirar su lugar en el universo de Star Trek de otra manera.
En televisión siempre quedó la sensación de que nadie sabía muy bien hacia dónde llevarlo. Para muchos fans era un personaje desaprovechado, casi a la deriva: a veces aparecía como un niño sensible e inseguro; otras, Alexander Rozhenko quedaba encajado a la fuerza en tramas klingon que nunca terminaban de cuajar.
Ahí es donde IDW Publishing parece haber afinado mejor el tiro, con una historia más firme y también más atenta a las heridas que arrastra Alexander Rozhenko. En vez de empujarlo otra vez por el sendero típico del guerrero klingon, lo están dejando construir algo suyo desde la medicina.
Y se nota. Worf encarna el honor marcial; Alexander Rozhenko empieza a perfilarse como alguien que cura, protege e intenta reparar daños, también los propios.
Ese giro tampoco sale de la nada. En los cómics de IDW Publishing, su nueva función en Starfleet sirve además como una forma de expiar errores del pasado, entre ellos su relación con Red Path, un culto klingon extremista.
Con ese peso encima, trabajar como médico significa bastante más que un simple cambio de uniforme. Es un intento de recomponerse después de haber tocado fondo. Morgan Hampton lo ha escrito como un personaje herido, devorado por la ira , el resentimiento y años de mala orientación, de modo que la medicina no le da únicamente una profesión: le ofrece una vía de salida frente al enorme peso de haber vivido siempre bajo la sombra de Worf.
La semilla de esta evolución estaba ya en la miniserie Sons of Star Trek, de IDW Publishing, donde Alexander Rozhenko y los hijos de otros personajes clave de la franquicia quedan atrapados en una realidad alternativa y empiezan a explorar esa vocación médica que luego acaba llegando a la continuidad principal.
De paso, Star Trek abre una posibilidad interesante para la cultura klingon al convertir a Alexander Rozhenko en sanador, no en otro combatiente. Falta ver hasta dónde querrá llevar IDW Publishing esta nueva dirección en los próximos números.