Divas del pop hay muchas. Siempre las va a haber. Es un estilo de música que por su propia naturaleza nunca morirá y por la estructura económica de nuestra sociedad interesa mantener siempre. Pero otros géneros son más complejos. Divas del soul, clásicas y con gran alcance, ya no quedan. Y la última tuvo todos los problemas de drogas, relaciones personales y polémicas que cabrían esperar de una de ellas. Su nombre, Amy Winehouse.
Nacida el 14 de septiembre de 1983 en una familia judía londinense, creció en un hogar repleto de jazz y fue miembro de la National Youth Jazz Orchestra. Con 22 años publicó su primer disco, Frank, que tuvo un buen recibimiento, pero no excepcional. Su mezcla de funk, dub y soul con aires de jazz llamaron la atención, como su tono que podía oscilar fácilmente entre la inocencia y el atrevimiento sin compromisos, pero no consiguió hacer estallar la banca. No todavía.
Una diva como no ha habido otra después
Tres años después, el 27 de octubre de 2006, publicó su segundo y último disco, Back to Black. Y aquí cambió todo. Repopularizando el soul en todo el mundo, pero en particular en Inglaterra, fue un éxito de crítica y audiencia. Llegando al número uno de discos más vendidos en diecinueve países, y quedándose a las puertas en otros ocho, y siendo aclamada por la crítica de forma prácticamente unánime, con la notable y muy mal envejecida crítica de Pitchfork, tuvo un brutal impacto cultural. Incluyendo conseguir abrir la puerta a las grandes discográficas de otras futuras divas, como Adele, Florence and the Machine, Little Boots o La Roux.
Por desgracia, Amy Winehouse tuvo una vida difícil y llena de problemas. Sus relaciones personales no fueron a ninguna parte, tuvo problemas de drogas y su salud mental era muy precaria, habiendo sufrido de depresión, desordenes alimenticios y auto-mutilación. Algo que le llevaría a morir el 23 de julio de 2011, a los 27 años de edad, por complicaciones derivadas del consumo de alcohol.
Todo esto y mucho más se narra en Back to Black, el polémico biopic de Sam-Taylor Johnson estrenado el pasado 2024. Criticado muy duramente por los fans, considerando que no trataba de forma justa la figura de la fallecida artista, acabó siendo igualmente vista con bastante inquina por la crítica por un aspecto muy concreto. Se centraba muy poco en la música y mucho en su vida personal, queriendo convertirla en una figura trágica.
Centrándose en su relación con las drogas y sus problemas para mantenerse sobria, Back to Black presenta a Amy Winehouse, con una muy convincente Marisa Abela haciendo de la artista, como una persona con graves problemas de estabilidad. Un relato seductor y que crea una imagen muy concreta de Amy Winehouse que, si bien tiene cierta parte de verdad, no queda del todo bien equilibrada al no hablar en la misma medida de su talento como artista y cómo logró abrir el camino no solo a un renacimiento del soul, sino a un nuevo talento de artistas femeninas alejadas del pop clásico.
Aún con todo, Back to Black es una película interesante e imperdible para cualquiera interesado en Amy Winehouse, disponible en Movistar desde el 8 de de enero. Hay que tener en consideración eso: le interesa más el mito que la persona, con todo lo que eso conlleva. Pero si eres capaz de pasar eso por alto, te espera por delante una película de una figura trágica de lo más disfrutable. Y una muy buena razón para volver a escuchar sus discos.