En mayo de 1959, en plena expansión de la Super-familia para dar más variedad a los lectores de Action Comics (o sea, de Superman, por entendernos), una portada llamó la atención de todo el mundo: una super-mujer salía de un cohete afirmando “¡Mira bien, Superman! ¡Soy yo, Supergirl! ¡Y tengo todos tus poderes!”. Al final de la historia de 7 páginas y tras enterarse de que era su prima de Krypton, Superman daba el asunto por acabado poniéndole un disfraz y encerrándola en un orfanato bajo el falso nombre de Linda Lee. Si nadie hubiera respondido a esta aparición es posible que hubiera quedado olvidada para siempre, pero la reacción del público fue muy favorable y pronto se convirtió en uno de los personajes de DC más populares. Más o menos.
¡Una Super-muerte en la familia!
Supergirl consiguió tener su propia cabecera en 1972, después de ser adoptada y de que su hermano la presentara al mundo. Como buen personaje secundario, compartió sus páginas con Lois Lane y Jimmy Olsen, y parecía que nadie nunca iba a moverla de ahí… hasta que a mediados de los 80 los jerifaltes de DC pensaron que había demasiados personajes, demasiadas líneas argumentales, demasiados universos y demasiado lío, y decidieron acabar con todo en el mayor evento de la historia de los cómics: Crisis en Tierras Infinitas.
No les faltaba razón, conste, porque parecía que todo el mundo había sobrevivido a la explosión de Krypton: Superman, Supergirl, Krypto, la ciudad de Kandor, varios enemigos y toneladas de kryptonita. Y así no había manera de que Superman se sintiera realmente único, rodeado de personajes con sus mismos poderes. Así que tras las Crisis solo quedó él, y para ello tuvieron que matar a Supergirl en una épica portada que ponía punto y final a su existencia. Pero si has leído cómics alguna vez sabes que esto nunca dura para siempre.

John Byrne recibió uno de los encargos más complicados del mundo: resetear a Superman, empezar de cero, volver a contar su historia cambiando puntos clave y modificándola a su manera. Se lo tomó muy en serio, y lo consiguió: sus cambios tenían sentido, Clark Kent se sentía único y sus historias ganaron en complejidad. Desde 1986, Byrne empezó a recontextualizar al superhéroe más poderoso de todos, que por fin se volvió a sentir único y distinto… hasta que dos años después volvió a liar la marrana presentando a Supergirl. La de antes, que de alguna manera había conseguido sobrevivir. Por supuesto, los lectores estaban confusos y los editores de DC aún más: ¿Cuál era la solución que Byrne iba a dar a esta resurrección inesperada?
Puede que Byrne tuviera otra idea, pero sus desavenencias con la cúpula de DC le obligaron a convertir a este personaje en un ser creado de protomateria llamado Matrix, que había sido fabricado por Lex Luthor. No solo eso: además, era una especie de clon de Lana Lang con los mismos poderes de Superman, a quien llegó a suplantar en un momento dado. El resto es una voladura de cabeza como pocas se han visto en la historia de los cómics: se lió con el clon de Lex Luthor, que tuvo una relación con ella para crear su propio ejército de Supergirls, y acabó dando su vida para salvar a Linda Danvers, que entonces se convirtió en la nueva Supergirl. Hala, asunto solucionado.

Al final Kara resucitó, volvió, lo dejó y, en un nuevo reboot, volvió otra vez. Con la película en ciernes, nadie duda de que es un personaje vital del Universo DC, ¿no? Ahora solo falta que el público general no se entere de todo este batiburrillo, siga pensando que es un personaje sencillo de entender y simplemente se centre en disfrutar. Porque que recupere el dinero es, a estas alturas, pura ciencia-ficción.