Esta historia se remonta a hace unos 20 años, exactamente a 2004, cuando unos científicos utilizaron el potente y por entonces moderno telescopio Hubble para observar el exoplaneta más antiguo conocido en el espacio.
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Suscríbete (es GRATIS) ►El origen de este gigante gaseoso, cuya masa es 2,5 veces la de Júpiter, se remonta a menos de mil millones de años después del Big Bang. Este mundo, situado a unos 5.600 años luz en la constelación estival de Escorpio, tiene más del doble de edad que la Tierra. Su mera existencia entra en conflicto con las ideas comúnmente aceptadas sobre cómo evolucionó el universo.
Pero un nuevo estudio realizado con el telescopio espacial infrarrojo James Webb, en colaboración con la NASA y sus homólogos europeo y canadiense, revela cómo fue posible la formación de planetas hace mucho, mucho tiempo, incluso alrededor de las estrellas primitivas del universo primitivo.
Qué sabemos de estos planetas que son imposibles
El equipo de Webb se propuso estudiar los primeros discos planetarios centrándose en la Pequeña Nube de Magallanes, una galaxia enana cercana a la Vía Láctea. Los discos planetarios son las nubes de gas y polvo que rodean a las estrellas jóvenes y que, con el tiempo, pueden fusionarse para formar mundos bebé.
Dentro de esta galaxia se encuentra un cúmulo de formación estelar muy activo, denominado NGC 346. Como el cúmulo carece de muchos elementos pesados los científicos lo utilizaron como modelo de las condiciones del universo primitivo.
Los investigadores analizaron 10 estrellas del cúmulo y descubrieron que, incluso a edades avanzadas, seguían manteniendo discos sustanciales. Anteriormente se pensaba que estas estrellas primitivas habrían perdido sus ligeros discos con bastante rapidez, tras solo dos o tres millones de años. Los hallazgos del equipo se publicaron el lunes en The Astrophysical Journal.
Los núcleos de las estrellas se consideran fábricas de elementos: fabrican carbono, por ejemplo, la misma sustancia química en la que se basan los seres humanos y gran parte de la vida en la Tierra.
Luego, mediante explosiones de supernova, esparcen por el espacio interestelar estos elementos más pesados, como el calcio de los huesos y el hierro de la sangre. Esta dispersión siembra nuevas generaciones de estrellas y planetas.
Dado que se cree que la mayoría de los elementos químicos del universo proceden de la explosión de estrellas, los científicos han racionalizado que las primogénitas debían estar compuestas casi en su totalidad de hidrógeno y helio, el material primitivo que surgió del Big Bang.
Con el tiempo, a medida que las estrellas morían y dispersaban elementos más pesados, se formaron generaciones posteriores de estrellas con ingredientes más diversos.