Algo tienen las series de médicos que nos encantan. Probablemente es que la estructura es realmente simple, pero efectiva. La vida en el hospital da lugar a muchos roces, lo cual propicia relaciones y toda clase de conflictos, y la propia naturaleza del trabajo lleva a momentos de tensión constante, es imposible que en un hospital no estén ocurriendo constantemente cosas interesantes. Especialmente si se guionizan.
Pero una serie en particular decidió que debía ser menos importante la parte médica que la parte humana, la relación entre los personajes. Y que además, debía enfocarse en el aspecto que nadie más lo hacía. Donde todas las series de hospitales eran dramas ceñudos y melodramáticos, o realistas y pomposos, uno en particular decidió que podía ser una hilarante comedia ligera. Su nombre, Scrubs.
Una serie puramente millennial
Scrubs se estrenó el 2 de octubre de 2001 en la NBC bajo la batuta de Bill Lawrence. La premisa era sencilla. Seguir el punto de vista único del protagonista y narrador, el doctor John Michael “J.D.” Dorian, que comienza la serie siendo un doctor interino y va ascendiendo lentamente la escala del hospital entrando en fricción con sus compañeros y superiores.
Que todo se vea desde el punto de vista de J.D. es importante para la narrativa de la serie. Con la cabeza en las nubes, tendente a fabular y considerándose a sí mismo extremadamente sensible, esto hace que en no pocas ocasiones conciba situaciones absurdas que se confunden con la realidad de lo que está ocurriendo. Esto hace que en la serie haya escenas fantasiosas, completamente absurdas y desternillantes, que se acompañan de las reacciones y las fricciones que surgen entre los personajes, no siempre cómplices de la actitud a veces infantil de su protagonista.
La serie funcionó muy bien, incluso si nunca fue la serie más vista de la televisión. Durante sus primeras tres temporadas consiguió superar con facilidad los 10 millones de espectadores y, hasta su séptima temporada, consiguió mantenerse por encima de los 6. A partir de la octava caería hasta poco por encima de los 5 millones y medio y en la novena, coincidiendo con un cambio de personaje protagonista, caería por debajo de los 4 millones con sus peores datos de audiencia hasta la fecha.
Llegando a su conclusión el 17 de marzo de 2010 en la ABC tras su cancelación tras siete temporadas en la NBC, donde concluyó el 8 de mayo de 2008 y que fuera rescatada por la primera para una octava y novena temporada el 6 de enero de 2009, la serie acumuló 182 capítulos de los cuales se considera que, al menos los primeros 150 son buenos, y los primeros 68, sobresalientes.
Un regreso inesperado y celebrado
Esto ha llevado a que la ABC haya decidido darle una nueva oportunidad a la serie. Algo en parte inesperado, pero por otra parte también previsible. En una época de reboots, remakes y relanzamientos, rescatar una serie muy querida y apreciada por el público parece una apuesta segura. Especialmente cuando han decidido que Scrubs no volverá en forma de reboot, sino que lo hará exactamente como lo que los fans hubieran deseado desde el principio cuando la cadena rescató la serie: como una undécima temporada con los actores originales.
La premisa de esta undécima temporada es que J.D. vuelve a la medicina junto a su mejor amigo, Turk, para encontrarse con los retos de cómo ha cambiado la profesión en este tiempo. Teniendo que hacerse cargo de internos, nuevos compañeros de profesión y los retos de ser profesionales veteranos y hombres de mediana edad, eso no excluirá que seguirán siendo los mismos dos bobalicones de buen corazón con la cabeza más en las nubes que los pies en la tierra.
Aunque regresa el creador original, Bill Lawrence, no es él quien se encarga de la serie. Lo hace Aseem Batra, quien ya había trabajado en los guiones de la octava temporada. Quedando todo en casa, pero haciéndonos preguntarnos si mantendrá el espíritu de la serie original.
Porque esa es la clave del éxito de esta undécima temporada. Si sabrá ser Scrubs para los fans que llevan 16 años esperando y, al mismo tiempo, llegar a un nuevo público más amplio. Pero para saberlo, no tendremos que esperar ni hacer carambolas. La serie se estrena el miércoles 26 de febrero en Disney+, prometiéndonos revivir todo ese humor millennial que tanto nos gusta. Porque no puede ser que nos decepcionen dos veces.