La película El Grinch, dirigida por Ron Howard y estrenada en el año 2000, se ha consolidado como un clásico indiscutible de la temporada navideña. Protagonizada por Jim Carrey, la cinta ha pasado a ser un referente en las festividades, aunque la experiencia del actor en el set fue todo menos festiva. Carrey, quien recibió 20 millones de dólares por su participación, se vio sometido a un riguroso y extenuante proceso de maquillaje que, según sus propias palabras, se convirtió en una de las mayores torturas de su vida.
You’re a mean one, Mr. Carrey
El diseño del icónico personaje de Dr. Seuss estuvo a cargo del reconocidísimo Rick Baker, quien ganó un Oscar por su trabajo en el filme. Sin embargo, la transformación de Carrey implicó un tiempo en la silla de maquillaje de hasta ocho horas diarias. El actor experimentó un aumento de su incomodidad, llevándolo incluso a sufrir ataques de pánico en el set. Los desafíos eran múltiples: un traje confeccionado con piel de yak, garras de 25 centímetros, lentes que cubrían toda su pupila y dientes postizos, todo lo cual limitaba significativamente su movilidad y visión.
La situación llegó a su punto crítico después de su primer día de rodaje, donde Carrey consideró abandonar el proyecto y devolver su salario. La solución a este arduo proceso llegó de la mano de un especialista en técnicas de resistencia a la tortura, lo que permitió que el tiempo de maquillaje se redujera de forma considerable, de ocho a tres horas. Para sobrellevar el estrés del rodaje, el actor recurrió a la música de los Bee Gees, lo que le ayudó a mantener el ánimo.
A pesar de las adversidades, Carrey ha manifestado estar abierto a la posibilidad de participar en una secuela de El Grinch, siempre que las condiciones sean adecuadas. Así, la historia de su transformación en el famoso personaje sigue siendo recordada tanto por su humor como por el intenso esfuerzo físico que implicó.