Hace ya veinte años, el mundo de los videojuegos conoció una innovación que iba a cambiar la manera en la que los jugadores nos relacionábamos con nuestro hobby: los logros (o los trofeos, como prefieras). En 2005, Xbox 360 incluyó esta buenísima idea para mostrar a tus amigos lo que eras capaz de hacer y, por supuesto, Sony fue detrás: aparecieron juegos que se hicieron populares solo porque podías conseguir todos los trofeos en quince minutos, y otros fueron denostados porque era casi imposible lograr el platino. Sin embargo, en toda la historia de este añadido, supuestamente creado para divertir a los gamers, nunca ha habido nada como la historia de Fight Night Round 4.
Pay to win
Podríamos discutir horas sobre cuáles son los trofeos más complicados de conseguir. El Super Go Outside de The Stanley Parable Ultra Deluxe que te obliga a esperar diez años sin tocarlo para conseguirlo; el que te hace jugar 10.000 horas como un árbol en Tree Simulator… ¡O ese que te hace jugar totalmente a oscuras todo The Evil Within! Al final miles de personas consiguen su objetivo, pero realmente son un porcentaje siempre ínfimo de aquellas que realmente juegan.
Siendo específicos, por ejemplo, tan solo el 0,1% de los jugadores de Ghost Recon: Advanced Warfighter consiguió su platino final, Campeón Mundial. Como su propio nombre indica, suponía ser el mejor de todos los jugadores, aunque se podía trampear con 21 cuentas diferentes en 21 consolas y jugando una y otra vez contra ellas, ganando puntos y victorias sin parar. Al final, en un momento u otro, te convertirás en el mejor del mundo, ganarás el trofeo y podrás pasarte días mirando a la pared pensando en qué se ha convertido tu vida.

Pero ni acabar Super Meat Boy sin morir una sola vez es tan difícil como, en su momento, lo era ganar en Fight Night Round 4, el juego de Xbox 360 y PS3 que, en esta consola, tuvo uno de los momentos más desquiciados de la historia de los videojuegos, cuando un muchacho ganó los tres cinturones de las diferentes clases, se alzó con los tres trofeos definitivos… Y entonces decidió que esos cinturones eran suyos y no se los iba a jugar contra nadie.
¡No ha sido K.O!
En realidad hay cientos de personas que han conseguido los trofeos en cuestión, que se basaban en ganar el cinturón de campeón en cada división. Y solo una persona en todo el mundo podía tenerlos, como en el boxeo real. Este chico luchó por conseguir los tres y, una vez los tuvo, decidió hacer negocio con ellos, pidiendo 50 dólares a cada persona para dejarle ganar, que le apareciera el trofeo y que se lo devolviera justo después. ¿Querías los tres trofeos? Pues suelta 150 dólares.
Probablemente no muchas personas accedieron al chantaje. De hecho, la comunidad de Fight Night Round 4 se juntó y entre los jugadores más acérrimos decidieron darle una lección: juntaron el dinero, uno pagó los 50 dólares y, en lugar de devolver el cinturón a su dueño legítimo, empezó a pasearlo por el resto de la comunidad, sin que el campeón pudiera hacer nada al respecto y quedándose sin un dineral en potencia.
Y os estaréis preguntando si el juego, de alguna manera, no hacía que los cinturones volvieran a la comunidad después de un tiempo. Efectivamente: si en 24 horas el ganador no se había disputado el puesto con un aspirante, el cinturón (y el trofeo) volvía a estar disponible para cualquiera. Lo que este muchacho hacía era crear diferentes cuentas alternativas para ganarlas cada jornada y asegurarse así de que el sistema registrara que el cinturón se había disputado. Día tras día, para los tres trofeos.

De hecho, llegó a organizar toda su vida en torno a estos tres trofeos, llegando a llevarse sus diferentes PS3 cuando se iba de vacaciones, incluso metiéndolas en el horario de trabajo o pagando a amigos y familia para que le sustituyera si no podía pelear ese día. Un esfuerzo tremendo para ser una malísima persona, la verdad. La historia tiene un final agridulce, por cierto: después de que le robaran el cinturón, finalmente lo consiguió de vuelta, y ya no volvió a soltarlo hasta que apagaron los servidores el 9 de marzo de 2020. Para este hombre, la pandemia no era lo peor que le iba a pasar ese año, desde luego.