Aunque la primera cámara digital de la historia entró en funcionamiento en 1973 (durante seis años sacó más de 300.000 imágenes de la Tierra mientras orbitaba en un transbordador espacial), la primera que tuvo el tamaño suficiente como para meterla en nuestro bolsillo llegó a mediados de los 80: podía sacar hasta 10 fotos, que se metían en una tarjeta de memoria de 2 megas, y la calidad era más bien cuestionable. De todas maneras, estos primeros modelos no estaban pensados para el consumidor del día a día, porque al fin y al cabo, nadie tenía un ordenador en su casa. Tuvo que venir Nintendo, por supuesto, a mostrarnos el camino.
Di “¡Nintendo!”
El 21 de febrero de 1998, miles de niños japoneses observaron el futuro funcionando en su Game Boy con un cacharro que ahora nos parece una reliquia del pasado pero por aquel entonces era el summum de lo moderno: una cámara que se acoplaba al hueco para cartuchos de la consola y permitía que te sacaras fotos en blanco y negro con una resolución de 128 píxeles por 128 píxeles. Pero lo importante no eran las fotos en sí, sino lo que podías hacer con ellas.
No solo podías sacar fotos, sino que también podías ponerle todo tipo de stickers, utilizar filtros (de la época, claro, nada parecido a Instagram. Piensa más bien en trucos visuales) e incluso dibujar sobre ellas. Además, podías hacer tus propias animaciones al juntar varias fotos, jugar, utilizando tu cara, a los cuatro minijuegos que venían dentro del cartucho y hasta, oh sorpresa, imprimir las imágenes.
Piensa que, por aquel entonces, si querías una fotografía en tu mano, y a no ser que tuvieras ya una carísima cámara digital, tenías que llevar el carrete a revelar y volver unos días después, solo para comprobar que la mitad de las fotos te habían salido regular. Con la Game Boy Camera bastaba con comprarte una Game Boy Printer adicional (junto con el papel termal de fotos necesario), seis pilas y disfrutar. Porque, además de poder imprimir tus fotos, ¡podías pegarlas por ahí! Para un niño de diez años, pocas diversiones mayores encontrarás.
Manda una fotopíxel
La Game Boy Camera fue algo más que una moda. De hecho, incluso en Japón pudieron utilizar el disco externo 64DD para crear avatares en 3D animados de ellos mismos basados en fotos de la cámara. No os voy a engañar: no eran muy buenos, pero por aquel entonces eran la Capilla Sixtina de la diversión. Estos avatares, a posteriori, se podían incluir como avatares en juegos como SimCity 64, y modificarlos con el Mario Artist. Casi nada.
Tuvo tanto tirón que, cuando apareció Game Boy Advance, decidieron que no podía salir sola, y planearon el GameEye, que sí podría sacar fotos a color e incluso tendría un juego dedicado a ella en GameCube, Stage Debut. Al final, ya por aquel entonces las cámaras digitales de verdad estaban comiéndose el resto del mercado, y decidieron cancelarlo antes de pegársela. Sin embargo, Game Boy Camera ha estado muy presente en la historia, con cientos de artistas utilizándola para hacer sus obras.
No en vano se considera que la Game Boy Camera fue el primer contacto de toda una generación con la edición digital, el traspaso de archivos e incluso las posibilidades que el futuro abría ante nosotros. Algunos artistas que siguen usando el add-on junto con la Game Boy Printer para sus proyectos son Jim Lockey o Jean-Jacques Calbayrac, que han encontrado un filón en ese tono tan único y distintivo que evocan los píxeles en blanco y negro.
Al final, Nintendo DSi y Nintendo 3DS ya vinieron con cámara incorporada mostrando que, en el fondo, no se ha inventado nada y a finales de los 90 ya lo tuvimos todo en un pequeño aparato tan excesivamente caro como increíblemente fascinante. Y si tuviste una, sabes perfectamente a lo que me refiero. ¡Ah, por cierto! Si leyendo esto has tenido curiosidad por vender la tuya o comprar otra, no te olvides de comprobar antes qué fotos guardadas puede haber allí, porque compradores actuales se han encontrado con todo tipo de burradas. Sí, exactamente lo que estás pensando. Yikes.