En el principio, fue el IRC. Después, los foros. A inicios de 2001, casi por casualidad, nació el metaverso antes del metaverso: Habbo Hotel, una mezcla entre chat y videojuego que después sería imitado, de una manera u otra, en cientos de aplicaciones. Sampo Karlajainen, a sus 23 años, acababa de crear algo que, un cuarto de siglo después, seguiría existiendo y, para sorpresa de todos por aquella época, siendo rentable.
Agua y habbón
La idea era muy sencilla: una sala de chat para que los adolescentes conversaran entre ellos con medidas de prevención de abusos y diferentes maneras de customización. Por supuesto, lo que en un principio fue un éxito rotundo, resultó ser un lugar para que toda clase de criminales dieran rienda suelta a sus más bajos instintos en cuanto empezó su decaimiento. En 2012, parecía que Habbo (ya sin el “Hotel”) formaba parte de otra época y estaba destinado al fracaso.
De alguna manera, Habbo ha sobrevivido al éxito: en su momento llegó a tener 273 millones de avatares registrados y más de 500.000 jugadores activos mensuales. Pero también ha sabido vadear el fracaso, y eso que en 2012 estuvo a punto de cerrar y ha aguantado un continuo tejemaneje de compraventa entre distintas empresas. Incluso se ha intentado agarrar a tendencias que luego acabaron fracasando, como los NFT.

Y, de alguna manera, ha seguido funcionando. Con 2900 jugadores diarios y un total de 330.000 activos de una u otra manera, Habbo sobrevive vendiendo distintas maneras de customizar a tu personaje. Eso sí, cada vez es menos popular, la polémica le ha seguido e incluso en 2021 sufrió una raid en la que el streamer Quackity invadió, con sus seguidores, los servidores, utilizando el hashtag #NotMyHabbo.
Actualmente, solo quedan diez páginas en pie en todo el mundo: Finlandia, España, Italia, Países Bajos, Alemania, Estados Unidos, Francia, Brasil y Turquía, la última en abrir allá por 2012. ¿Hasta cuándo va a seguir durando esta reliquia de Internet? Nadie lo sabe. De momento, siguen anunciando novedades en su página oficial, como concursos de pintura y distintos objetos para sus habitantes. Quién sabe. Quizá acabe por sobrevivirnos a todos. Ese es el poder de Habbo.