Probablemente Michael Douglas creía que al aceptar un papel en Marvel tendría un par de escenas haciendo el tonto frente a una pantalla verde y eso sería todo. Sin embargo, estaba aceptando el papel de Hank Pym, el auténtico Chaqueta Amarilla y el primer Hombre Hormiga de los cómics. Por mucho que Paul Rudd tomara el nombre de Ant-man, su personaje no se iba a ir a ningún sitio.
Como matar a una hormiguita
Durante varias ocasiones, Douglas pidió a Marvel que se cargara de una vez por todas a Pym, entre otras cosas porque iba a cumplir 80 años y no quería seguir haciendo películas de superhéroes. Sin embargo, Kevin Feige y los suyos no le escucharon y le mantuvieron vivo incluso después de la tercera entrega, Ant-man y la Avispa: Quantumania. “Me habría matado al final de la segunda, pero no me dejaron”.
Y ahí sigue el personaje, aunque nadie le mencione a estas alturas. Ha sobrevivido al Chasquido, al mundo cuántico y al multiverso, pero Douglas solo quiere acabar con todo: “Eso fue lo que pedí en la tercera parte. Dije que quería tener una muerte seria, con todos esos efectos especiales. Tiene que haber una manera fantástica en la que pueda encogerme al tamaño de hormiga y explotar, lo que sea. Quiero usar todos esos efectos. Ahora, no creo que vaya a aparecer en la cuarta”. Yo le iría tachando de bingo para Vengadores: Doomsday.
Pero entonces, aparte del dinero, ¿cuál fue el motivo para aceptar aparecer en la saga? “Dije ‘Nunca he hecho una película con pantalla verde. Le dije a mis agentes, ‘Quiero hacer una película con pantalla verde para ver cómo son’, porque es increíble. No es nada, solo una pantalla verde y te enseñan las fotos de cómo va a quedar cuando esté todo terminado“. Y al final, la curiosidad mató al gato. Bueno, vale, en este caso no es la mejor comparación.