El peor programa de fin de año de la historia, donde todo lo que pudo salir mal salió mal

Los programas de fin de año se han estandarizado. Total, son muy conscientes de que apenas tienen un público real: sirven o bien para personas solitarias que se irán a la cama después de las doce campanadas, o bien como telón de fondo de una celebración casera donde sirve como hilo musical y poco más. Sin embargo, a veces, ocurre algo que hace que todo salte por los aires. Una auténtica barbaridad televisiva, un imposible hecho programa, una rara avis que resalta por lo horripilante que resulta. Es lo que pasó en 2013, cuando Jamie Kennedy montó, casi sin quererlo, el peor especial de la historia de la televisión.

¿Te gustan los especiales terroríficos?

Es posible que te estés preguntando quién es Jamie Kennedy, y por qué le dieron un especial de Nochevieja dedicado a él. Bueno, es posible que te suene como Randy Meeks, el sabelotodo de la saga Scream, o como autor del reality The Jamie Kennedy Experiment. Siempre tratándolo de llevarlo todo hasta el extremo, en la última noche de 2012 y la primera de 2013, dos televisiones independientes en el Condado de Orange y en Sacramento confiaron en él para dar la bienvenida al nuevo año. A su manera, claro.

En directo, desde el Teatro Chino de Los Angeles, Kennedy masacró el concepto de especial de Nochevieja, causando el horror entre los pocos que lo vieron. En su defensa, y tal como declaró después, él siempre quiso hacer un “anti-show de Nochevieja” sin ensayar e imposible de predecir, pero realmente, además de eso, también estaba repleta de errores técnicos (“Venga, tío, no me jodas” y “¿Dónde está el tío de la cámara?”, se oía nada más empezar), con sketches que no tenían sentido, problemas entre dirección y el presentador, micrófonos que aparecían en la toma constantemente… Y ojalá esto fuera lo peor.

En un momento dado, los encargados de prensa de Carl’s Jr, que era uno de los patrocinados del evento, vieron cómo obligaban a comer una Burger Turkey Jalapeño de la manera más sexual posible. Os podéis imaginar el cabreo. Tampoco salieron bien parados los encargados del casino Commerce, de Los Angeles, puesto que Kennedy interpretó a un maya intentando de ganar de nuevo su fortuna jugando al póker en un sketch tremendamente racista e inenarrable. Pensaréis que, al menos, daría la bienvenida al nuevo año como manda el canon, ¿verdad? Bueno, pues…

Para empezar, Macy Gray salió a cantar a las 23.50 creyendo que eran las 23.15, y nada más terminar, Kennedy dio paso a la cuenta atrás, pero como no encontraba un reloj en ningún lado, terminó diez segundos tarde. ¿Y después de Nochevieja? Chistes terriblemente subidos de tono (incluido un show de marionetas sobre violaciones) y una pelea encima del escenario. Incluso en Nochevieja, nadie estaba lo suficientemente borracho como para soportar semejante cosa. ¿Interesante desde el punto de vista artístico? Quizás. Ahora bien, ¿desde el puro espectáculo? En absoluto.

Hay quien, a posteriori, lo comparó con el desastre que supuso el Star Wars Holiday Special, y quien señaló que, sin importar qué es lo que Kennedy quisiera crear, no fue, desde luego, el resultado final. Es posible que os sorprenda, pero el año siguiente nadie llamó a Jamie Kennedy para que hiciera su show en televisión. Tras el desastre, ni siquiera él se mostró muy extrañado al no poder desear un caótico año 2014. Eso sí, años después apostilló una realidad: “Queríamos que fuera una mierda. ¿Supimos que iba a ser tan malo? No. Pero si lo hubiéramos hecho bien, ¿estaría hablando ahora contigo? No apuñalé a nadie, no disparé a nadie, solo hice un especial de Año Nuevo. ¿Es eso tan malo?”. Bueno, depende a quien preguntes, desde luego.

Durante 1500 años, el 1 de enero no significó absolutamente nada especial: le debemos Nochevieja a un Papa

Imagina que vives en un mundo sin enero ni febrero, pero con un tiempo indeterminado entre diciembre y marzo hasta que se acabe el frío. Es más, imagina que los meses están tan mal ideados que de vez en cuando el gobierno tiene que meter otro por el medio (Mercedonius) para que todo vaya bien.

Imagina que vives en un mundo sin enero ni febrero, pero con un tiempo indeterminado entre diciembre y marzo hasta que se acabe el frío. Es más, imagina que los meses están tan mal ideados que de vez en cuando el gobierno tiene que meter otro por el medio (Mercedonius) para que todo vaya bien. Pues este era el panorama hasta hace unos 500 años, una época en la que el 1 de enero solo era otra fecha más.

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Otra vez el champán y las uvas y el alquitrán

Durante años, de hecho, la celebración del Año Nuevo se unía con motivos religiosos, como la Navidad (25 de diciembre) o la Anunciación (el 25 de marzo). ¿Te imaginas celebrar la Nochevieja en el campo aprovechando la primavera? Hay ideas que deberían volver, francamente. Al final, el calendario Juliano, que en principio dividía el año en 12 meses y 354 días, demostró ser un fracaso, y se adoptó, hasta ahora, el calendario Gregoriano.

Era 1570 y todos los países de la cristiandad aceptaron, sin mucho problema, que el Año Nuevo se celebraba el 1 de enero por mandato del Papa Gregorio XIII. Era conveniente para todos… menos, por supuesto, para los británicos, que quisieron seguir celebrando el Año Nuevo el 25 de marzo y utilizando el calendario anterior durante 200 años en los que las cartas y los documentos oficiales se escribían con dos fechas diferentes: cuando ambos calendarios acabaron llevándose once días de diferencia (el Juliano no contemplaba la existencia del 29 de febrero, y al final eran incompatibles) acabaron cediendo.

Eso no significa que ya esté aceptado sin más: por ejemplo, en China o Corea, el Año Nuevo comienza en la segunda luna nueva tras el solsticio de invierno. Incluso hay países, como Israel, donde el calendario se instauró a inicios del siglo XX y aún se rechaza la celebración. En todo caso, cuando estés con el gorro de fiesta y unas gafas imposibles en las que puede verse “2024” recuerda que todo tiene que ver con el Papa Gregorio XIII en el siglo XVI. Quieras que no, ayuda a poner las cosas en perspectiva.

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De romper platos a comer uvas: cómo se celebra la Nochevieja alrededor del mundo

El día de Nochevieja es algo más que beber muchísimo, celebrar el Año Nuevo, brindar e irse a la cama a una hora poco razonable. En cada país del mundo hay una tradición… y todos creen que la suya es la única lógica.

Salvo que celebres la llegada de los Reyes Magos el 6 de enero, la Navidad se acaba hoy para la mayoría de los lugares del mundo (o al menos eso nos han enseñado las películas navideñas que transcurren desde el 22 hasta el 31 de diciembre). El día de Nochevieja es algo más que beber muchísimo, celebrar el Año Nuevo, brindar e irse a la cama a una hora poco razonable. En cada país del mundo hay una tradición… y todos creen que la suya es la única lógica.

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Nochevieja, Diajoven

En España, como todos sabemos, se comen 12 uvas, una por campanada. La tradición empezó en el siglo XIX pero hasta aproximadamente 1909 no se celebró como hasta ahora. En Filipinas lo tienen más fácil y sin posibilidad de atragantarse: llevan monedas en sus bolsillos y las hacen sonar cuando el reloj da las doce.

Y si 12 te parecen muchas uvas, espera a ver lo que hacen en Japón, donde las campanas de los templos suenan 108 veces por todos los pecados que las personas guardan en su mente. Imagina ir al supermercado y comprar uvas para toda la familia. Al menos en Rusia añaden algo especial: ¡Regalos! Su Santa Claus particular (no es un decir, se parecen alarmantemente) se llama Ded Moroz y reparte el día 31.

En Dinamarca e Italia gustan de tirar y romper cosas: los daneses destruyen su vajilla y saltan desde una silla justo a las 12 mientras que en Italia tiran los trastos viejos por la ventana después de cenar lentejas. Por si acaso, a esa hora no pasees por la calle si no quieres que te caiga el reloj de cuco de la abuela encima.

Finalmente, algo que merece la pena ver: en Escocia tienen una de las tradiciones más extrañas. Y es que allí cogen un barril, le prenden fuego y le echan a rodar por las calles. Por algún motivo, esto significa buena ventura. Allá donde fueres, haz lo que vieres, aunque nos parezca la manera más peligrosa, imprudente e imposible de empezar el año. ¡Feliz 2024! Viene, como poco, interesante.

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