Cuando pensamos en The Witcher, solo hay tres respuestas. Por un lado, los que piensan en las novelas originales de Andrzej Sapkowski, que sigue creando aventuras de Geralt incluso años después de haberlas terminado. Por otro, los seguidores de los videojuegos (especialmente The Witcher 3, para qué negarlo) que llevan ya diez años esperando la cuarta entrega.
Y, finalmente, los que han conocido el Continente en la serie de Netflix, esa que tan bien empezó y con Henry Cavill a la cabeza pero que poco a poco se ha ido degradando y tendrá a Liam Hemsworth en sus últimas dos temporadas tomando el papel del brujero. Pero… ¿Qué pasa con el resto de adaptaciones de la obra original de Sapkowski? Porque sí, haberlas haylas. Otra cosa es que a alguien le importen a estas alturas.
¡Echa una moneda al brujero!
Cualquier fan sabe que antes de The Witcher existió Wiedźmin, una película polaca protagonizada por Michał Żebrowski que adaptaba las novelas a su manera, al igual que hizo la serie posterior de 13 episodios que en 2002 no conquistó a nadie y ahora se considera poco más o menos que un fracaso. Fue una de las primeras superproducciones polacas, tratando de imitar al cine de Hollywood, pero no daba el pego y los efectos especiales eran más bien risibles. Fue para tanto, de hecho, que el guionista principal pidió que no le pusieran en los títulos de crédito porque no se parecía en nada a lo que había escrito. Vamos, un dislate en toda regla.
Sin embargo, es mucho -muchísimo- menos conocido que unos años después, un grupo ruso que simplemente era fan de las novelas decidió montar, por su cuenta y riesgo, una ópera de rock sinfónico en 2009 y un musical en 2011 tituladas The road of no return y basado, efectivamente, en The Witcher. Si nunca has escuchado hablar de él, todo sea dicho, es por algo. El grupo en cuestión se llamaba ESSE, puede escuchar entero en YouTube y es solo para los más cafeteros. Obviamente, se inventaron lo que quisieron, fusionaron personajes, se inventaron que otros no morían… ¿Quién iba a quejarse? ¿Sapkowski?
Siendo justos, la historia que da nombre al musical no forma parte de la saga de The Witcher: el único punto en común es un personaje, Visenna, pero el grupo ruso no se basó en ella, sino que a partir del título contó una historia alternativa y, todo sea dicho, igualmente épica… Y olvidada en el tiempo. Sin embargo, en 2017 tuvo una especie de revancha tardía que demostró que un musical basado en The Witcher podía tener éxito: en la ciudad de Gdynia, cerca de Gdansk, en Polonia, se estrenó Wiedzmin, un musical que aún se sigue representando a día de hoy y que recibe tantos curiosos que incluso dan aparatos con subtítulos en inglés para los fans de otros países.
Este musical sigue las historias de Geralt con Ciri y fue aprobado por el mismísimo Sapkowski, que asistió al estreno y se llevó un ramo de flores como premio por haber creado un mundo así de increíble. De hecho, los que lo han podido ver hablan de una de las adaptaciones más fieles y satisfactorias, algo de lo que, francamente, Netflix podría haber aprendido un poquito. No importa lo que te gastes… sino, al fin y al cabo, el amor que le pongas.