En 1980, Pac-man cambió la historia de los videojuegos. Y no solo porque los desarrolladores se dieron cuenta de la maldad de los jugadores (originalmente se llamaba “Puck-man” pero pensaron rápidamente en lo fácil que era convertir una P en una F), sino porque los arcades vivieron una segunda vida que no veían desde Pong. Todos se aficionaron rápidamente al juego de los laberintos, las fichas amarillas y el “Waka-waka”.
Tanto, que enseguida le salieron versiones de todo tipo. La más conocida de ellas, claro está, fue Ms. Pac-man, pero también tuvimos Pac-man Plus, Super Pac-man o Pac & Pal, mientras iba haciendo su incursión, poco a poco, en las consolas domésticas. En 1984, con la saga más que amortizada, llegó el momento de que Namco lanzara una disgresión de la norma: Pac-Land. Y ahí es donde todo empezó a liarse.
Pa qué, man
Pac-Land no era un juego de la franquicia clásico: de hecho, se trataba de una especie de adaptación de la serie de dibujos de Hanna-Barbera que se emitió entre 1982 y 1983. En este caso, el juego sustituía al clásico laberinto en vista cenital por un scroll lateral donde Pac-man paseaba por su ciudad evitando a los enemigos hasta llegar al final de cada fase. Y no, no era precisamente fácil. Obviamente, Pac-Land acabó adaptándose a todas las consolas y la saga no recibió nuevos títulos desde entonces a excepción del decente Pac-Mania… hasta 1994.

Bueno, no del todo: en 1993 es cierto que tuvimos Pac-Attack, que en realidad era una adaptación de otro juego anterior, Cosmo Gang the Puzzle, y que, dentro de lo que cabe, era original uniendo el gameplay de la saga con otro tipo de puzzles más similares a Tetris. Y así, con Pac-man oliendo un poco a viejo a mediados de los años 90, es como llegamos, por fin, a Pac-man 2: The New Adventures.
Originalmente, desde Namco, le dieron el desarrollo de esta secuela a un equipo que no tenía mucho trabajo previo, incidiendo en que aportaran también elementos de la serie de animación. El resultado no fue Pac-man, pero tampoco Pac-Land, sino un experimento audiovisual que es todo lo contrario de lo que cualquier jugador esperaría de una secuela como esta. Y es que, en plena fiebre por las aventuras point-and-click, Pac-man 2 pasó, directamente… a no permitirte ni siquiera controlar a su protagonista.

No hay ni Wakka ni Wakko que valgan
En esta aventura gráfica en 2D, Pac-man, básicamente, tiene que hacer diferentes recados para su familia (comprar leche, recoger una flor, recobrar una guitarra, acabar con un monstruo hecho de chicle) mientras los fantasmas tratan de acabar con él. Con mente abierta, puede entenderse. El problema es que, en lugar de controlar a Pac-man, solo podías sugerirle que hiciera cosas, y el personaje podía decidir ignorarte por completo e ir a lo suyo.
Para seguir adelante, el jugador tiene que ir solucionando distintos puzzles, basados en las emociones de Pac-man: puede enfadarse si le tiras piedras a la cara, ponerse feliz si se come una manzana, etcétera, pero teniendo cuidado. Por ejemplo, cuanto más feliz esté, más chulo puede ponerse, llegando a dejar de obedecer al jugador, pero su enfado, que le da más fuerza, también hace que se vuelva irracional y se dirija él solo hacia su propia muerte.
Si no te gusta este juego, estás de suerte, porque yendo a los recreativos puedes jugar a Pac-man, y si encuentras tres cartuchos adicionales puedes jugar bien a Ms. Pac-man en Super Nintendo o a Pac-Jr en Sega Genesis, un juego totalmente original (que, no os flageléis por no encontrarlo en ningún sitio, en realidad no deja de ser una versión de su homólogo en SNES). Un pequeño recordatorio de que la saga era algo más que decirle a una bola amarilla por dónde ir y enfadarle para que hiciera cosas.
En realidad, todo sea dicho, la culpa de que esta secuela saliera así fue culpa, de hecho, de la división de Namco en Estados Unidos, que decidió que el título japonés, Hello! Pac-man no era lo suficientemente atrayente y decidió ir a lo grande: con un “2” gigantesco en portada que provocó que el público dejara de fiarse de la saga definitivamente. Nunca hubo un Pac-man 3, pero sí varios spin-off (Pac-man world, Pac-man Championship Edition, Pac-man and the ghostly adventures, Pac’n roll…) que han hecho que, más de 40 años después de su primer arcade, la bola amarilla siga más viva que nunca. Al menos aprendieron de sus errores: ahora le puedes controlar todo el tiempo.