A pesar de las críticas que ha recibido, la trilogía de Venom se ha convertido en un fenómeno taquillero para Sony, logrando captar la atención de un sector del público que encontró en esta peculiar interpretación del archirrival de Spider-Man un atractivo notable. Según el director Rubén Fleischer, la creación de esta versión del personaje no estuvo exenta de complicaciones, principalmente debido a los derechos de propiedad intelectual que impidieron incluir a Spider-Man en la narrativa, lo que resultó en un desafío creativo significativo. Fleischer comentó en una reciente entrevista que “todos intentábamos averiguar exactamente qué quería ser [Venom]; su definición siempre estuvo ligada a Spider-Man, pero nuestra película no podía incluirlo”.
Cómo encajar ambas franquicias les trae de cabeza
Esta imposibilidad de unir a ambos personajes no solo complicó el desarrollo del filme, sino que también desdibujó la coherencia del universo que Sony ha intentado construir en torno a sus héroes y villanos. La colaboración de Sony con Marvel, aunque inicialmente prometedora, ha dado lugar a un universo de personajes que, en muchos aspectos, se siente más como una amalgama incoherente que un universo cohesionado. Esta situación ha generado burlas y críticas entre los aficionados, quienes a menudo se preguntan sobre el futuro de los personajes que no forman parte del Marvel Cinematic Universe (MCU).
A pesar de estas dificultades, el éxito en taquilla y el entretenimiento proporcionado por la trilogía no pueden ser ignorados. Los filmes, aunque no alcanzaron el nivel de calidad esperado por la crítica, lograron conectar con los fans y mantener un nivel de diversión que ha asegurado su lugar en la cultura pop actual. Este éxito relativo también pone de relieve la mala gestión que ha tenido Sony con el personaje de Spider-Man desde que acordó su inclusión en el MCU, lo que ha llevado a una confusión palpable entre los seguidores de ambos universos.