Nunca sabes por dónde te va a llevar la vida. Eso es algo que aprendes a medida que te haces mayor, desde luego, y para Scott Cawthon la realización llegó a los 36 años, cuando todo lo que había luchado por crear explotó en mil pedazos y se dio cuenta de que su verdadero sino no era enseñar a los niños lo bueno que era Jesucristo, sino aterrorizarles y traumatizarles con juegos de terror delirantes. Porque él, que empezó como un programador dedicado a los juegos cristianos, acabó siendo el autor de Five Nights At Freddy’s por un motivo muy poco cristiano: la venganza.
Five Revenges At Freddy’s
Entre versiones fan de títulos como Metroid y sus propias sagas (Bogart, Legacy of Flan, etcétera) destacaban los juegos y películas que hizo dedicadas a un público cristiano, tales como The Pilgrim’s Progress, Use Holy Water o una app que simulaba una tragaperras de la Biblia llamada Bible Story Slots. Por haceros una idea, solo en 2014 hizo 26 juegos, uno cada dos semanas, lo que nos da una idea de dos cosas. Primera, era muy devoto. Segunda, ninguno era precisamente el GTA 6.
Obviamente, nada de esto le daba el dinero suficiente como para proveer a su mujer y a su familia, pero solo le quedaba seguir hacia delante. Hasta que llegó el juego uno de un castor jovencito que tenía que plantar árboles para poder roerlos y empezar a crear troncos con los que poder construir. Su título, Chipper & Sons’ Lumber Co. Y no nos importa porque fuera especialmente bueno (no lo era), sino porque fue un antes y un después en su carrera: al subirlo a Steam Greenlight, los youtubers e influencers empezaron a reírse de él porque su personaje principal, lejos de parecer amigable, daba miedo y parecía un animatronic con ansias asesinas.
Imagina la situación: sin un dólar, con todo Internet riéndose de él y tratando de aferrarse a su fe ciega. ¿Qué hizo? Vengarse de todos los que le dijeron que Chipper and Sons’ Lumber Co era terrorífico creando un juego que iba a dar miedo de manera intencionada. Tardó seis meses en crearlo, utilizó a su familia y a sus amigos como testeadores y acabó subiéndolo a Steam movido solo por un ansia: el de la venganza. ¿La buena noticia? Acabó triunfando gracias a ella.
¡Jesucristo, ayúdame!
El 8 de agosto de 2014, Cawthon subió su juego a Internet, con un poco de miedo por la posible reacción. Muy, muy poco después ya se había convertido en un éxito: a la crítica le encantó, los reviewers que se rieron de Chipper and Co ahora hacían Let’s Plays y el mundo le sonreía por primera vez. Para triunfar, solo había tenido que encontrar su verdadero camino: no el de crear bonitos juegos de castores, sino el de asustar a los niños de todo el mundo. Y obviamente, no iba a dejarlo pasar.
Solo entre 2014 y 2015, aprovechando la rapidez que había adquirido haciendo juegos cristianos, acabó realizando las cuatro primeras entregas fundacionales de FIve Nights At Freddy’s, que después acabaron creciendo y creciendo de maneras inesperadas. Ahora, ya con su propio estudio, parece haberse calmado, y saca un título cada dos años. No hace falta mucho más para seguir estando en el candelero.
Hoy por hoy, la franquicia de Five Nights At Freddy’s es inabarcable. A sus once juegos oficiales hay que sumarle ocho spin-offs, material hecho por fans, novelas, historias cortas, merchandising y, por supuesto, la película de 2023. Y cuando Cawthon, cuya fortuna ahora está en más de 70 millones de dólares, mire a lo que a construido, podrá decir con orgullo que fue creado con sus manos repletas de ira, desolación y ansias de acabar con sus enemigos. Como debe ser.