Stephen King, abierto a que la IA aprenda de sus libros

Stephen King, el genio del terror imbatido, ha dicho que a él le parece bien nutrirla con sus libros porque se trata de una fuerza imparable. Influye que tiene 75 años y la vida más que solucionada, claro.

Podría ser la trama de una de sus novelas (una inteligencia artificial malvada que se hace con la humanidad), pero lo cierto es que, para sorpresa de todos, Stephen King, el genio del terror imbatido, ha dicho que a él le parece bien nutrirla con sus libros porque se trata de una fuerza imparable. Influye que tiene 75 años y la vida más que solucionada, claro.

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KinGPT

El escritor de obras maestras como ‘La larga marcha’, ‘Rita Hayworth o la redención de Shawshank’ o ‘El pasillo de la muerte’ (y otras, para qué negarlo, no tan obras maestras precisamente) ha publicado un artículo en The Atlantic sobre la IA, un debate que con la huelga de guionistas y actores está ahora en el foco de todas las discusiones. Y su posición no es positiva ni negativa, sino de alguien alzando los hombros y dando por hecho que no le queda más remedio que dejarse llevar.

“Veo esta posibilidad con una cierta fascinación espantosa. ¿Prohibiría la enseñanza (si esa es la palabra) de mis historias a los ordenadores? No, incluso aunque pudiera”. King se muestra resignado, pero algo esperanzado: no puede haber creatividad sin conciencia, y hay algunas IA que están empezando a desarrollarla. Eso sí, el trabajo, de momento, le parece “como el dinero del cine: bueno a primera vista, no tan bueno en cuanto lo investigas de cerca”.

“¿Me pone nervioso? ¿Siento que han invadido mi territorio? Aún no, probablemente porque he llegado a una edad bastante avanzada“. King parece una de las pocas personas de la industria que no se pone radicalmente en contra de la IA: en Estados Unidos cerraron Prosecraft, una página que analizaba mediante inteligencia artificial miles de novelas pirateadas, en las que se encontraban, paradójicamente, unas veinte del propio genio del terror de Maine.

Al escritor, por cierto, aún le queda mucho para jubilarse: publica al menos dos libros al año casi siempre y es tan respetado por la industria como por los fans. ¿Podría una IA escribir una frase como “Si ser un chico es aprender a vivir, entonces ser adulto es aprender a morir”? Permitidme que lo dude.

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Cuando Stephen King cometió el peor error de su vida tirando ‘Carrie’ a la basura

¿Y si os contamos que el Rey del Terror estuvo a punto de tirarlo todo a la basura?

“El aspecto físico de Stephen King no refleja su tremenda inteligencia como escritor”. Hace años, un libro sobre el autor introducía este pie de foto que ha pasado a la historia. Y eso que King (también conocido como Richard Bachman) es uno de los autores más respetados y prolíficos de la historia: en su haber tiene 65 novelas, más de 200 historias cortas y unas 60 películas basadas en su obra a las que se suman una barbaridad de cortometrajes, obras de teatro e incluso musicales. Pero, ¿y si os contamos que el Rey del Terror estuvo a punto de tirarlo todo a la basura?

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Mi Carrie me lo robaron

1967. Un Stephen King de veinte años consigue vender su primer relato corto a la revista ‘Startling mystery stories’ por 35 dólares. La historia, que apareció en el número 6 de la cabecera, jamás sería reimpresa en antologías del autor ni traducida al castellano de manera oficial (sí en un fanzine). Poco a poco, King fue vendiendo historias a diferentes medios mientras lo compaginaba con su trabajo de conserje en un instituto y profesor de inglés en otro. La buena vida.

No es que no intentara escribir novelas, claro, pero todas acababan inevitablemente en un cajón tras ser rechazadas por diferentes editoriales. Le ocurrió con ‘La larga marcha’ (que después sería una de sus mejores obras) y con ‘La espada en la oscuridad’, un relato antibelicista de 150.000 palabras que, según reconoció King después, es absolutamente ilegible. Su mujer Tabitha (con la que sigue casado desde 1971) y él vivían en una caravana a las afueras de Hermon, en Maine, y su situación no tenía visos de mejorar. Y sin embargo…

En 1971, nuestro protagonista estaba limpiando el baño de las chicas de un instituto cuando se encontró de frente con una caja de artículos de higiene femenina y le chocó. Era otra época. Poco después, recordó un artículo que había leido en la revista ‘Life’ sobre fenómenos poltergeist y actividad telequinética en adolescentes. ¿Os suena de algo? Stephen King cogió la máquina de escribir de Tabitha y se puso a escribir desde la perspectiva de una estudiante de instituto: una tal Carrie White.

A la papelera

La base de la historia, tal y como la tenía el autor en la cabeza, era similar al inicio de la adaptación que después haría Brian De Palma: una chica empieza a menstruar en las duchas y el resto de sus compañeras se ríen de ella. Sin embargo, después de tres páginas decidió que no lo estaba haciendo bien: no podía ponerse en el punto de vista de una mujer ni sabría como reaccionarían. Además, Carrie no terminó de gustarle como personaje por su falta de conexión emocional con ella. Hizo una bola con las páginas, las tiró a la basura y se fue a dormir, pensando en que el día siguiente seguiría atrapado en esa vida que no quería tener.

Fue Tabitha la que recogió las hojas de la papelera la mañana siguiente y quien le convenció de seguir escribiendo por un simple motivo: quería saber cómo continuaba la historia. Y si su marido no sabía cómo introducir la perspectiva femenina, ella se la daría. No le sirvió para entender del todo a Carrie, pero finalmente lo consiguió al hablar con dos alumnas de su instituto: una llevaba el mismo vestido a clase siempre debido a la pobreza de su familia y, como consecuencia, sufría bullying. La otra estaba creciendo en una familia fervientemente religiosa.

Sumando a las dos, la telequinesia y los tampones ya podía ponerse a escribir de verdad, a pesar de que para él era una pérdida de tiempo que jamás iba a llevar a nada. Tras 98 páginas la dio por terminada y la guardó en un cajón. La odiaba con pasión, aunque eso no evitó que en diciembre de 1972 le diera un repaso hasta convertirla en una novela hecha y derecha. En dicha novela, Carrie, al final, destruía un avión después de que le crecieran cuernos, pero su editor le convenció para cambiarlo. Por lo que sea. Para sorpresa del propio autor, se cantó Bingo: la editorial Doubleday le había comprado los derechos y estaba dispuesta a publicarla.

La vaca que Carrie

Esto es lo que se suele contar, pero lo cierto es que fue rechazada hasta treinta veces. Ojo: ¡Treinta! No es de extrañar que Stephen King nunca haya ocultado su absoluto odio hacia ‘Carrie’, a la que califica de torpe y falta de arte, pero eso no impidió que en 1974 se lanzaran 30.000 ejemplares por los que consiguió 2500 dólares de la época (unos 15.000 de ahora). Poco después, la editorial New American Library pagaría 400.000 billetes por los derechos. No le salió nada mal: en su primer año vendió un millón de ejemplares y, tras la película de 1976, se convirtió en el número uno durante semanas.

En 1975, aprovechando el éxito cinematográfico que estaba por venir, King publicó ‘El misterio de Salem’s Lot’ y, poco después, ‘El resplandor’ y ‘Rabia’. Desde entonces, raro es el año en el que no publica al menos una novela (o una colección de relatos cortos). ‘Carrie’ tuvo tres adaptaciones a cine, una secuela fílmica terrible, un musical, un episodio de ‘Riverdale’ basado en dicho musical y estuvo a punto de ser fraccionada como serie de televisión. Para ser tan supuestamente torpe, ni tan mal.

Así que si alguna vez has tenido ganas de tirar todo lo que estuvieras escribiendo a la papelera de reciclaje, deja que alguien le eche un vistazo. ¡Eh! Igual tu carta para hacerte millonario está descansando ahora mismo entre la basura.