Hoy por hoy estamos acostumbrados a ver a Santa Claus en el cine. Ha protagonizado películas navideñas tan increíble como Klaus y, cada vez más, aparece como secundario en todo tipo de telefilms baratos guiñando el ojo al espectador y obrando milagros (el último, en Una Navidad muy Jonas Brothers). Sin embargo, hubo una época en la que las películas de diciembre tenían como protagonista a la familia, los regalos y los niños, con el barbudo gordinflón como mero telón de fondo. Y entonces llegó el título que lo quiso cambiar todo: Santa claus, el film.
Ho-Ho-Horrible película, la verdad
Todo empieza con Ilya Salkind, un productor mexicano afincado en Estados Unidos que, junto a su padre, ayudó a producir las películas de Superman de los años 70 y 80. De hecho, antes de que llegara Richard Donner, él propuso a Steven Spielberg como director, pero su padre le dio largas con la excusa de que no era suficientemente famoso, al menos hasta que estrenara “la película esa del pez”, como la llamaba. Cuando Tiburón fue un exitazo, Spielberg, como sabemos, ya estaba en otra liga y Superman le interesaba poquito.
El buen olfato de Ilya le llevó a continuar con la saga, hasta que Superman III y Supergirl fueron tal bajón en taquilla (de hecho, la película protagonizada por Faye Dunaway fue la primera de la saga en perder dinero) que decidió saltar del barco. Pero lo que hiciera después tenía que tener todavía el ADN de Superman. Una historia de orígenes, protagonizada por alguien superpoderoso de quien no sabemos todo, que tuviera una super-familia de la que tirar del hilo… Efectivamente: ¿Quién mejor que el mismísimo Santa Claus?
Jeannot Szwarc, que ya hizo Supergirl, además de películas tan “recordadas” como Tiburón 2, Hércules y Sherlock o un capítulo largo de Colombo, fue el encargado de ponerse tras las cámaras para llevar a la luz un guion escrito por David y Leslie Newman, co-autores de Superman y Bonnie y Clyde. Originalmente la dirección se la ofrecieron al maestro del terror John Carpenter, pero dado que quería hacer guion, montaje y banda sonora prefirieron prescindir de él… Aunque ojalá ver por un agujerito cómo imaginaba el creador de Halloween una película de Santa Claus.
Y al final, ¿qué hicieron? Pues una versión moderna de Santa Claus, que tenía que salvar a Patch, uno de sus elfos, manipulado por el mandamás de una empresa juguetera. Costó unos 50 millones de dólares y, para sorpresa de nadie, apenas recuperó 23. Eso sí, después consiguió cierto estatus de culto a base de repetirse sin parar en Reino Unido, a pesar de que la crítica de la época la aborreció tanto que suele ganarse su sitio a pulso en las listas de las peores películas navideñas de la historia del cine.
¡Y lo curioso es que podría haber sido algo increíble! Para hacer las canciones llegaron a contratar a Freddie Mercury, que grabó una demo pero nunca fue más allá, en parte porque ya había firmado para Los Inmortales. Junto a él, en otro tema, estaba el mismísimo Paul McCartney, aunque nunca se llegó a formalizar y, finalmente, la banda sonora salió sin grandes nombres y, por tanto, sin nominaciones a los Óscar (que es siempre lo que se busca con estas muestras de soberbia).
Intentaron tocar el cielo, desde luego. De hecho, incluso Marvel publicó una adaptación a cómic de 68 páginas y seguramente tenían pensado hacer una franquicia como la de Superman, pero cayó por su propio peso. Ilya siguió trabajando en Hollywood, pero tras hacer la serie de televisión de Superboy se conformó tan solo con otra película importante más: un biopic de Cristóbal Colón que fue uno de los mayores fracasos de los 90, que compitió con otro, 1492: La conquista del paraíso. Eran mejor que Superman IV y Santa Claus: el film. Cuando uno no tiene nada mejor que decir…