Un Santa Claus absolutamente terrorífico hecho por IA aparece en primer plano en el anuncio de Coca-Cola de este año, colocando los camiones en formación y despertando a las ardillas que lo miran con curiosidad. Nos puede gustar más o menos (particularmente y en este caso, menos), pero una cosa está clara: basta ver a Santa para imaginar de manera inmediata la Coca-Cola. Es el color rojo, el logo durante muchos años, las seis notas que acompañan al “Siempre Coca-Cola”… No, no fue creado ni adaptado por la empresa de refrescos, pero sí ha conseguido algo imposible a lo largo de los años: convertirle en su mascota no oficial.
Siempre Santa Claus
Antes de que Coca-Cola hiciera aparecer a Santa por primera vez en sus anuncios, a mediados de los años 20. Por aquel entonces era algo habitual en cualquier empresa, que por Navidad decidía lanzar un anuncio en prensa con el regalador oficial de esas fechas. Llegó a aparecer fumando Lucky Strike, Old Gold, Pall Mall o Murad, comiendo Cheerios y pastelitos o incluso anunciando afeitadoras portátiles. Todo es posible porque, al fin y al cabo, si Santa Claus no tiene copyright, significa que es de todos, ¿no?
Aunque Santa Claus existe con ese nombre desde el siglo XVIII (antes fue conocido como San Nicolás o Father Christmas, además de absorber varios conceptos europeos), muchos creen que fue Coca-Cola quien le dio el color rojo del traje y su aspecto barrigón. Lo cierto es que ya en 1821, en el poema Old Santeclaus With Much Delight, que prácticamente lo definió, tenía un abrigo rojo y estaba montado en un trineo llevado por un reno. Sin embargo, también es cierto que le describía como un elfo con “una pequeña panza redonda que sacudía al reír como un plato de gelatina”. Vamos, que Coca-Cola no inventó nada. Casi nada, más bien.

Entonces, ¿de dónde viene el mito? Bueno, lo cierto es que tiene su base: en 1931, la empresa, después de varios intentos infructuosos de popularizar la unión entre Santa y su marca, contrató a Haddon Sundblom, un famoso ilustrador holandés, para que le diera una vuelta al concepto tradicional que entonces se tenía del personaje. El resultado es similar al que se vio, por ejemplo, en la revista Puck en las Navidades del año 1905: barbudo, orondo, feliz y, eso sí, bebiendo una botella de Coca-Cola. Eso sí, no exento de problemas.
En general, la campaña fue todo un éxito, pero hubo alguna que otra queja. Por ejemplo, los más puritanos se quejaron de que Santa no tuviera un anillo en el dedo y, por tanto, pareciera no estar casado con la Señora Claus. El año siguiente, el dibujo incluyó este y otros pequeños detalles, cimentando del todo la imagen del mito más importante de las Navidades como bebedor insaciable de Coca-Cola. No lo inventaron ni lo popularizaron, sino que se aprovecharon de él para dar una versión definitiva y vender como rosquillas.

No todos los cambios fueron celebrados: en 1942, Coca-Cola incluyó un compañero de andanzas de Santa Claus llamado “Sprite Boy”, y que le acompañó durante los 40 o los 50. ¿Estáis pensando que es publicidad de Sprite muy mal disimulada? Pues estáis equivocados, porque la famosa bebida no se introdujo hasta los años 60. Para entonces, Sundblom ya había lanzado su última versión de la imagen de su Santa, en 1964. A partir de ese momento, Coca-Cola se vio obligada a lanzar distintas imágenes basadas en las pinturas de Sundblom, una tradición que llega hasta nuestros días: sus originales han sido expuestos en el Louvre, en Toronto, Tokyo, Chicago y Estocolmo, y son la prueba viviente de que poco importa que el refresco no inventara a Santa Claus: viendo el éxito, como si lo hubiera hecho.






