¡Estos grupos de música no existen! De ardillas a la IA, esta es la historia de las “virtual bands”

Durante años, el mundo de la música era algo muy sencillo: cogías una canción, la versionabas a tu manera con tus amigos, sacabas un disco y, con suerte, lograbas convertirte en un fenómeno social. Hoy en día, sin embargo, las cosas han cambiado, las tendencias no son las mismas y, por no necesitar, ni siquiera necesitas tener gente que toque contigo o, de hecho, que sea real en absoluto. El fenómeno de las virtual bands parece estar en auge, pero en realidad lleva con nosotros desde finales de los 50. Ojo al camino que llevamos desde entonces, porque es espectacular.

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Ardillas en las mallas

Todo empezó en 1958, cuando el cantante David Seville modificó su propia voz en la canción Witch Doctor para hacerla sonar “pitufada”: con unos agudos muy altos y una velocidad mayor de la habitual. Fue todo un éxito y así nació el trío que primero le acompañó por los escenarios y después voló por sí solo: Alvin y las ardillas. Aunque puede que te suenen solo de las adaptaciones cinematográficas, lo cierto es que desde finales de aquella década hasta ahora han lanzado más de cincuenta discos, cada vez de una calidad mucho más cuestionable.

Alvin y las Ardillas acabó siendo una serie de televisión, tuvo varios videojuegos, cómics y hasta llegaron a hacer cuatro giras por los Estados Unidos desde 1984 hasta 2015. Y, efectivamente, tienen más Grammys que muchísimos artistas. Viendo el percal, no fueron pocos los que se apuntaron a hacer canciones “ardilladas”, tratando de perseguir un mercado en el que no había tantas personas.

Un ejemplo fueron las Nutty Squirrels, que también tuvieron una serie de televisión (incluso antes que Alvin y las Ardillas) y que sacaron su último disco en 1964, en el que versioneaban, entre otras, A Hard Day’s Night, de The Beatles. Casi nada. El mundo de las mascotas cantantes se quedó en pausa durante unos momentos hasta que alguien pensó “Eh, ¿y si en vez de ardillas son muchos más animales?”.

Del cómic a la realidad

Dicho y hecho. En 1968 nacieron los Banana Splits en una serie de televisión de Hanna-Barbera con su nombre: eran cuatro animales vestidos con trajes hilarantes. Y no, no solo eran dibujos animados: también eran señores vestidos con trajes de felpa tocando canciones. Llegaron, incluso, a sacar varios discos, aunque no fueron nunca lo suficientemente famosos como para irse de gira. Eso sí, hace muy poco tuvieron un reboot como película de terror. Oye, nunca se sabe dónde está el éxito.

Fue en esta época donde las virtual bands tuvieron, por fin, su momento de apogeo, saliendo del medio menos musical posible: los cómics. The Archies (formados en la serie de dibujos que adaptaba los cómics de Archie) trataba de adaptar el éxito de The Monkees a la animación, y lo consiguió. De hecho, su estela es tan grande que incluso en 2023 hubo una película india para Netflix basada en ellos. Junto a ellos, otro grupo basado en un cómic de la misma editorial: Josie and the pussycats.

Este es un caso curioso, porque de la inexistente banda que sonaba en la serie de dibujos se montó una banda real que sacó varios discos, tuvo una película en 2001 e hizo varias giras. De una banda virtual nació una banda real, algo que Marvel trató de replicar con Júbilo (sin éxito). Como las bandas falsas de música se estaban convirtiendo en un negocio que daba beneficios, empezaron a salir decenas de series de televisión cutres con esta idea, desde Jabberjaw (cuyo protagonista era un tiburón) hasta los Cattanooga Cats (cuatro gatos que tocaban guitarra, bajo, batería y voz) o Jem y los hologramas, entre muchísimos otros. Y claro, el mercado se sobresaturó.

Se han engorilado

Cuando la industria se calmó, en 1998 nació quizá la epítome de las virtual bands: Gorillaz, un grupo del que se desconocía su cara real. Sus integrantes eran dibujos animados, sus videoclips puras fantasías que mezclaban el anime con la estética de finales de los 90, su lore estaba más que bien formado… e incluso acabaron haciendo giras en las que la banda real tocaba totalmente a oscuras detrás de una televisión gigante que mostraba los vídeos que les habían hecho famosos. Al menos hasta 2005, donde salieron del armario como banda real… y se pasó un poco de la “Gorillaz-mania”. A día de hoy, aún siguen haciendo conciertos, lanzando discos e incluso estuvieron a punto de rodar una película con Netflix (que se acabó cancelando). Casi nada.

Con la modernidad e Internet, este fenómeno ha ido a más. Hay idols que no existen y llenan estadios (como Hatsune Miku, sin ir más lejos), grupos que existen en la realidad de juegos como League of Legends o incluso cantantes que tan solo suenan gracias a la inteligencia artificial. Y la cosa va a más. Hemos dejado de lado las ardillas cantarinas y los videoclips de anime para centrarnos en figuras cibernéticas que parecen sacadas de una fantasía cyberpunk en la que, en el fondo, nos movemos. ¿Llegará el día en el que nadie necesite coger una guitarra y el trabajo en los tours sea darle a “play” a un vídeo? Con suerte, no lo veremos. Con más suerte aún, volveremos a la época de las personas disfrazadas de animales tocando la guitarra.

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