Elon Musk ha vuelto a encender hoy la especulación sobre una posible fusión entre Tesla y SpaceX. Lo hizo durante la conferencia de resultados de Tesla correspondiente al segundo trimestre de 2026, cuando afirmó que ambas compañías tienen “cada vez más puntos en común”. En esa misma intervención añadió que cualquier combinación exigiría un “proceso apropiado”, así que sus palabras están muy lejos de confirmar que ya exista una operación en marcha.
Aun así, el comentario bastó para agitar el debate en el mercado.
La idea, de hecho, ya venía ganando peso desde la salida a bolsa de SpaceX en junio, un debut que dejó mucho más a la vista el tamaño real del grupo empresarial que Musk ha ido construyendo alrededor de Tesla, el espacio, la conectividad y la robótica.
En concreto, la OPV de SpaceX recaudó unos 75.000 millones y situó la valoración de la compañía en torno a 1,77 billones, según los términos de la colocación. En su primera jornada como empresa cotizada, además, su capitalización llegó a rozar los 2,1 billones, de acuerdo con su comportamiento en bolsa. Si a eso se suma que Tesla se movía en julio de 2026 en una horquilla de entre 1,23 y 1,48 billones, según la cotización registrada ese mes, el resultado sería un gigante con presencia en automoción, energía, robótica, conectividad y transporte espacial.
Más allá del relato de Musk, Tesla y SpaceX ya trabajan juntas en varios frentes.
Uno de los casos más claros es Terafab, una fábrica de semiconductores en Texas desarrollada junto con Intel para suministrar a los vehículos de Tesla, las naves de SpaceX y los robots Optimus.
Tesla también aporta baterías a proyectos de SpaceX, mientras Starlink sigue abriéndose paso dentro del ecosistema de vehículos de Tesla. Por ahí se sostiene buena parte de la tesis de una estructura unificada: no sobre una promesa futura, sino sobre una interdependencia industrial que ya está en marcha. Algunos analistas creen que eso facilitaría operaciones, compras, cadena de suministro y desarrollo de producto. Gene Munster, de Deepwater, ha elevado hace poco del 80% al 90% la probabilidad que asigna a una fusión en los próximos años.
Pero la lógica industrial no basta para cerrar una operación de este calibre.
Cualquier movimiento de este tamaño tendría que pasar por un escrutinio regulatorio severо en varios mercados, con una sensibilidad especial en China. También entran en juego las implicaciones de seguridad nacional, porque SpaceX mantiene contratos clave con el Gobierno de Estados Unidos, mientras Tesla está mucho más expuesta al consumidor global.
Y luego está el gobierno corporativo. Musk controla alrededor del 85% de los derechos de voto de SpaceX, pero solo cerca del 20% en Tesla, según la estructura accionarial conocida de ambas compañías. Esa asimetría sería especialmente delicada para accionistas e inversores independientes. Por ahora no hay ninguna operación sobre la mesa. No se sabe si esta idea acabará convirtiéndose en un movimiento formal.