Meta ha puesto hoy un límite mensual a Conversation Focus, la función de sus gafas inteligentes que destaca la voz de la persona que el usuario tiene delante cuando hay mucho ruido alrededor. El cambio es concreto: los usuarios del plan gratuito solo podrán usar Conversation Focus durante 3 horas al mes. Quienes paguen Meta One Premium tendrán 15 horas mensuales por 19,99 dólares al mes.
La decisión ha provocado críticas casi al instante, y el motivo se entiende rápido: todo indica que estamos ante una herramienta que funciona, en buena medida, gracias al propio hardware que el cliente ya pagó al comprar las gafas.
Conversation Focus está pensada justo para esos entornos complicados. La función realza la voz de la persona que tienes enfrente y lo hace apoyándose en los micrófonos , el beamforming y el procesamiento espacial en tiempo real del dispositivo. Sirve, por ejemplo, para seguir una conversación en un bar, en una calle llena de gente o en una reunión con mucho ruido de fondo. No es un añadido anecdótico. Para algunos usuarios, tiene una utilidad muy clara.
Y aquí está el punto que más ruido ha hecho. Según distintas pruebas, Conversation Focus siguió funcionando incluso con el acceso a internet desactivado. Eso hace pensar que no depende de forma directa de los servidores de Meta , sino de los chips y sensores que ya van integrados en las gafas. Por eso mismo, la nueva restricción ya se está leyendo como una especie de muro de pago parcial sobre una capacidad que el producto traía desde el primer día.
La reacción de una parte de los usuarios y de varios analistas ha sido bastante dura. La idea que más se repite es simple: cuesta defender que se limite por tiempo una función que, al parecer, se ejecuta de manera local y saca partido de componentes que ya vienen incluidos en el dispositivo. Algunos van un paso más allá y describen Conversation Focus como una ayuda posible para personas con leves dificultades auditivas. No reemplaza un audífono, claro, pero sí puede hacer más inteligible una conversación cuando el entorno se pone difícil.
El movimiento, de todos modos, encaja con la estrategia de Meta de buscar ingresos más allá de la publicidad. Meta One también se está probando en productos como Facebook e Instagram, una señal bastante clara de que la compañía quiere acostumbrar a sus usuarios a pagar por funciones adicionales dentro de su propio sistema de productos y servicios.
Además, todo esto llega en un momento de presión fuerte por los costes. Meta ha recortado alrededor del 10 % de su plantilla, unos 8.000 empleados, y al mismo tiempo intenta volver más atractiva su oferta de gafas con precios más bajos. La nueva línea Meta Glasses parte de 299 dólares, al menos 80 dólares menos que los modelos Ray-Ban de entrada, y llega acompañada de novedades de software como Muse Spark o Photo Ultra HDR.
Las cifras ayudan a entender por qué el tema ha prendido tan rápido. Los envíos de gafas inteligentes subieron un 54 % interanual en el primer trimestre de 2026. Meta concentró el 81 % de la categoría. Y EssilorLuxottica aseguró haber vendido 7 millones de unidades de Ray-Ban Meta y Oakley Meta en 2025. De ahí sale buena parte de la controversia: una cosa es vender más hardware y otra, bastante distinta, cobrar cada mes por desbloquear mejor algo que, técnicamente, ya está dentro del dispositivo.