“O Brother, Where Art Thou?”, la película que Joel y Ethan Coen estrenaron en 2000, ha vuelto hoy al centro de la conversación sobre “La Odisea” de Homero, ahora que crece el interés por nuevas adaptaciones del mito. Mucho antes de que Hollywood volviera a Homero con superproducciones de gran escala, los Coen ya habían dejado claro, en 2000, que el poema épico podía encontrar su lugar en la pantalla sin una sola armadura reluciente.
Para muchos espectadores y también para buena parte de la crítica, sigue siendo una de las reinterpretaciones más agudas, divertidas y perdurables que ha dado el texto clásico.
Y tiene sentido. “O Brother, Where Art Thou?” no busca traducir a Homero al pie de la letra. Lo que hace es mover la ruta de Odiseo al Misisipi de los años 30, en plena Gran Depresión, y convertirla en una peripecia de presos fugados, canciones populares y humor absurdo.
La historia acompaña a tres reclusos que escapan de prisión, Ulysses Everett McGill, Pete y Delmar, y atraviesan el sur de Estados Unidos en busca de un tesoro escondido.
Ahí está buena parte del vínculo con “La Odisea”: en ese recorrido por episodios, en la sucesión de encuentros raros y tropiezos inesperados. Los paralelismos, además, están planteados con bastante soltura. Las sirenas pasan a ser lavanderas junto al río; el cíclope, un vendedor de biblias tuerto y amenazante; y el héroe ya no es un guerrero mítico, sino un embaucador pulcro y hablador que solo quiere volver con su esposa. Esa libertad tiene mucho que ver con lo bien que funciona, incluso para quien jamás ha leído a Homero.
Uno de los datos que más se repiten cuando se habla de la película es que Joel y Ethan Coen reconocieron no haber leído “La Odisea” antes de escribir el guion, como ellos mismos han contado en entrevistas sobre el filme.
Más que apoyarse en una adaptación textual, partieron de algo más difuso y, al final, más fértil: la familiaridad cultural con los grandes motivos del mito, el regreso al hogar, las pruebas del camino, la astucia del protagonista. Esa distancia, que podría haber jugado en su contra, terminó empujándolos hacia una versión mucho más original y con una personalidad muy marcada.
La película también funcionó muy bien en lo comercial y en lo crítico. Tuvo un presupuesto de unos 26 millones de dólares y recaudó alrededor de 71,9 millones en todo el mundo, según The Numbers. Además, consiguió dos nominaciones al Oscar, a mejor guion adaptado y mejor fotografía, de acuerdo con la Academia. Pero su legado no se agota en la taquilla. La banda sonora producida por T-Bone Burnett mezcló bluegrass, country, góspel y folk, ganó el Grammy, según la Recording Academy, y recibió ocho certificaciones de platino en Estados Unidos por parte de la RIAA. Para mucha gente, fue también una puerta de entrada masiva a la música de raíces estadounidenses.
Y ese efecto sigue ahí. A comienzos de 2026, el Grand Ole Opry celebró el 25 aniversario de la película con un concierto tributo que reunió a artistas originales de la banda sonora y a músicos marcados por su influencia, según el propio Grand Ole Opry. De ahí que “O Brother, Where Art Thou?” vuelva a aparecer cada vez que se anuncia una nueva “Odisea” en desarrollo, sobre todo frente a versiones más monumentales: recuerda que los grandes mitos siguen vivos cuando alguien da con una manera nueva, local e inolvidable de contarlos.