Tesla quiere estrenar este mes en Austin, Texas, el Cybercab ante el público, su coche biplaza sin volante ni pedales. La fecha interna que maneja la empresa apunta a finales de agosto, según ha trasladado a sus empleados.
Aun así, el calendario puede moverse. No sería raro en un proyecto que depende por completo de que la conducción autónoma responda bien, sin la red de seguridad de un conductor al volante.
Y ahí está el punto clave.
El Cybercab no es un Model Y retocado. Es un vehículo de dos plazas concebido desde el principio sin volante ni pedales, así que si el sistema falla no hay una salida inmediata dentro del propio coche.
Tesla dice que operadores remotos podrían intervenir en caso de emergencia, pero esa fórmula todavía no ha probado su eficacia a gran escala.
Por ahora, el plan pasa por un despliegue gradual en Austin.
Según lo que la compañía ha comunicado internamente, primero habría trayectos para empleados de Tesla en carreteras públicas de la ciudad. Unos días más tarde, el Cybercab entraría en el servicio Robotaxi que Tesla ya presta allí.
La compañía lleva semanas preparando ese aterrizaje.
Desde julio, Tesla prueba el vehículo en carreteras privadas alrededor de su campus de Austin y también ha ofrecido viajes a empleados dentro de esas instalaciones.
A eso se suma otro frente de preparación. La empresa ya habría completado sesiones de formación con los servicios de emergencia locales y, según varios informes, está instalando conectividad Starlink en los coches para reforzar las comunicaciones.
La gran promesa del Cybercab coincide también con su mayor punto débil.
Al eliminar los controles manuales, Tesla coloca a su sistema Full Self-Driving ante una exigencia mucho mayor que la de sus modelos actuales. Ya no alcanza con que el coche acierte casi siempre: tiene que salir bien parado de situaciones complejas sin ayuda humana dentro del vehículo.
El estreno, además, llega en un momento delicado. Full Self-Driving sigue bajo escrutinio, con investigaciones abiertas por parte de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos, la NHTSA, y con dudas que no terminan de desaparecer sobre una estrategia basada casi por completo en cámaras, frente a competidores que mezclan LiDAR, radar y otros sensores.
Tampoco se han apagado las críticas sobre hasta qué punto la intervención remota puede funcionar de verdad como garantía de seguridad en tráfico urbano.
Tesla repite que está acumulando kilómetros, pero la comparación con Waymo sigue siendo difícil de esquivar.
En su informe de resultados de julio, la compañía afirmó haber llegado a unos 380.000 kilómetros acumulados sin conductor en sus centros Robotaxi. Waymo, por su parte, sostiene que ya ha superado los 220 millones de millas de viajes totalmente autónomos con pasajeros. La ventaja ronda las 580 veces.
La situación en Austin deja ver bien esa diferencia. Tesla tiene 186 Model Y registrados para su servicio Robotaxi, pero varias informaciones señalan que la flota realmente no supervisada se ha quedado en torno a 17 vehículos, frente a unos 25 en primavera.
Waymo, mientras tanto, ya estaría moviendo más de 250 vehículos en la ciudad.
Cuando Elon Musk presentó el Cybercab en octubre de 2024, lo vendió como un vehículo de menos de 30.000 dólares.
Sobre el papel sonaba a sacudida para el mercado de masas. Hoy, en cambio, cuesta verlo como un coche pensado para el gran público.
Sin volante ni pedales, el Cybercab solo se sostiene si Tesla consigue demostrar una autonomía sólida, segura y aceptable para los reguladores.
Por ahora no está claro cuándo podrá ir más allá de un experimento comercial controlado en Austin.