En 2025, Netflix vuelve a poner sobre la mesa, con los documentales The Tinder Swindler, The Puppet Master: Hunting the Ultimate Conman y Bad Vegan: Fame. Fraud. Fugitives, una idea incómoda: las historias de amor que empiezan en una app o en redes sociales también pueden acabar abriendo la puerta a algunas de las estafas más devastadoras de los últimos años.
The Tinder Swindler, The Puppet Master: Hunting the Ultimate Conman y Bad Vegan: Fame. Fraud. Fugitives se apoyan en casos reales donde se mezclan seducción, engaños y destrucción económica.
Los tres títulos comparten un mismo hilo. Hablan de relaciones iniciadas, o mantenidas, por canales digitales que terminan en control emocional, aislamiento y peticiones de dinero.
En The Tinder Swindler, el israelí Simon Leviev, nacido Shimon Hayut, usó Tinder para ganarse la confianza de varias mujeres mientras se hacía pasar por un magnate millonario. Primero llegaban el lujo, los viajes y las promesas; después, las solicitudes de grandes sumas de dinero bajo excusas urgentes. El documental recoge estimaciones que sitúan el fraude total en torno a 10 millones de dólares.
The Puppet Master: Hunting the Ultimate Conman reconstruye la historia de Robert Hendy-Freegard, que fingió ser agente del MI5 y manipuló al menos a siete mujeres y a un hombre durante décadas. Según el documental, Robert Hendy-Freegard llegó a robar cerca de 1 millón de libras mientras sometía a sus víctimas a un control psicológico extremo.
En Bad Vegan, la restauradora Sarma Melngailis cuenta cómo Anthony Strangis, con quien conectó por internet, la fue arrastrando hasta sacar cerca de 2 millones de dólares de su negocio, siempre según el propio documental. Todo ocurrió entre promesas extravagantes, incluida una tan delirante como que podía hacer inmortal a su perro.
Y eso es lo que vuelve estas historias tan inquietantes.
Porque no se quedan en el gancho del true crime ni en el impacto de ver hasta dónde puede llegar una manipulación. Encajan de lleno con una amenaza muy presente. En los nueve primeros meses de 2025, los estadounidenses perdieron más de 1.160 millones de dólares en estafas románticas, con una pérdida mediana de 2.218 dólares. Ya en 2024, el FBI había calculado en más de 1.300 millones de dólares las pérdidas ligadas a fraudes amorosos y de confianza.
La mecánica, además, se repite una y otra vez: perfiles muy pulidos o difíciles de comprobar, una conexión emocional que avanza demasiado deprisa y, al poco tiempo, el intento de sacar la conversación de la app para llevarla a WhatsApp o Telegram. Después aparecen las urgencias médicas , los problemas con viajes, las supuestas oportunidades de inversión o, directamente, la petición de ayuda económica. Y ahora se suma otra capa: fotos falsas, clonación de voz y videollamadas manipuladas, que están haciendo estas trampas mucho más difíciles de detectar.
Tinder, Bumble y Hinge han ampliado, según han comunicado las propias plataformas, sus sistemas de verificación de identidad y sus herramientas automáticas contra el fraude.
Aun así, el problema hace tiempo que dejó de quedarse dentro de las apps de citas. En 2025, casi el 60% de las personas que perdieron dinero en una estafa romántica dijeron que el primer contacto había empezado en redes sociales, no en una plataforma de citas. El engaño puede arrancar en cualquier sitio con mensajes privados, fotos llamativas y la promesa de una conexión inmediata.
Por eso estas tres producciones de Netflix golpean más ahora que cuando se estrenaron. No remiten a anomalías del pasado. Se parecen, más bien, a versiones extremas de un problema que sigue cambiando de forma. Y todavía no está claro hasta qué punto el refuerzo de controles bastará para frenar un fraude que ya circula fuera de las apps de citas.