Steel Ball Run, la adaptación al anime de la Parte 7 de JoJo’s Bizarre Adventure en Netflix, lleva días en el centro de la polémica por sus recortes desde que volvió a su emisión semanal el 25 de septiembre de 2026. Lo que apuntaba a ser una de las grandes apuestas de anime de Netflix para 2026 ha pasado, en muy poco tiempo, de despertar ilusión por el regreso de la franquicia a meterse de lleno en una discusión sobre supuestas omisiones y decisiones de localización que, para una parte del público, cambian el sentido del manga original.
Steel Ball Run tuvo un preestreno con su primer episodio el 19 de marzo de 2026 y retomó la emisión semanal el 25 de septiembre, ya metida en la segunda y la tercera etapa de la carrera. Desde esa vuelta, la recepción se partió bastante más.
La primera impresión del anime fue, en líneas generales, buena. El episodio inicial dejó a muchos con ganas de más, sobre todo a quienes llevaban años esperando ver por fin animada la Parte 7, una entrega que para muchísimos fans está entre lo mejor de toda la franquicia.
Pero el comienzo de la segunda etapa enfrió parte de ese entusiasmo. Empezaron a aparecer críticas al ritmo, a ciertas decisiones estilísticas y también a la banda sonora.
Aun así, el corazón de la polémica no está ni en la música ni en el montaje. Lo que más se repite entre sus críticos es otra cosa: la sensación de que la adaptación está rebajando el peso político y social que define a Steel Ball Run en papel.
Para quienes señalan ese problema, no se habla de temas de fondo puestos para adornar, sino del suelo mismo sobre el que se levantan el mundo, los personajes y el mensaje de la historia.
En el manga, Steel Ball Run, obra de Hirohiko Araki, se sostiene de forma directa sobre cuestiones como el nacionalismo, la construcción de la nación, el capitalismo, la industrialización, la raza, la inmigración y la colonización.
La gran carrera a caballo por Estados Unidos no funciona solo como una aventura espectacular. También plantea una lectura del país, de sus mitos y de sus contradicciones. Por eso, cuando ese contexto se recorta, lo que cambia no es solo el metraje.
Según quienes hacen esta crítica, la adaptación está dejando fuera parte del marco histórico que da sentido a personajes como Pocoloco y Sandman.
Con Pocoloco, el manga introduce reflexiones sobre los límites de la libertad después de la esclavitud. En el caso de Sandman, su historia está atravesada por el genocidio y el desplazamiento de los pueblos nativos en Estados Unidos. Para muchos fans, el problema no pasa únicamente por la ausencia de escenas, sino por el cambio en la manera de entender a los dos personajes.
Y ese debate, además, encaja dentro de una discusión mucho más amplia sobre Netflix y el anime.
Netflix ya había recibido críticas por decisiones de localización, censura y presentación, y uno de los ejemplos que más suelen citar los espectadores sigue siendo Neon Genesis Evangelion. Allí, cambios como traducir “I love you” por “I like you” y la ausencia de “Fly Me to the Moon” se leyeron, para mucha gente, como una pérdida clara de intención artística.
Con Steel Ball Run, la discusión aprieta más porque la obra original nunca separó la aventura de la crítica social.
Entre licencias, sensibilidad cultural y miedo a la controversia, distintas voces de la industria del anime llevan años avisando de que la autocensura puede volver al anime menos distintivo y, a la larga, menos eficaz. Habrá que ver si los próximos episodios recuperan parte de ese contexto.