Japón, conocido por sus estrictas regulaciones sobre la representación de la violencia en videojuegos, ha sido nuevamente escenario de modificaciones para un lanzamiento reciente. Dying Light: The Beast, el título de mundo abierto de Techland, ha visto que su versión japonesa sufre recortes significativos en su contenido, una tendencia que no es nueva en el mercado japonés.
Japón son muy restrictivos con los videojuegos
El país nipón, que cuenta con un organismo de clasificación, CERO, ha exigido a los editores realizar ajustes para que sus juegos puedan ser comercializados. En el caso de Dying Light: The Beast, esto ha resultado en la reducción de la representación de vísceras, la eliminación de contenido desnudo y ajustes en los modelos de algunos personajes femeninos. Estas restricciones se han aplicado tanto en la versión de PlayStation 5 como en Steam, a pesar de que los juegos de PC no están sujetos a la misma clasificación en Japón.
Esta situación refleja un patrón recurrente donde los editores deben adaptar sus productos para cumplir con las normativas locales. Anteriormente, títulos como Dead Space, The Callisto Protocol y Assassin’s Creed Shadows enfrentaron situaciones similares, donde se modificaron o cancelaron lanzamientos debido a la presión del regulador japonés. En algunos casos, las exigencias han conflicto con la visión creativa de los desarrolladores.
Además de Dying Light: The Beast, otros juegos han encontrado maneras de sortear las restricciones, como Baldur’s Gate 3, que logró incluir censuras visuales para la desnudez. Sin embargo, a pesar de haber conseguido la clasificación CERO Z, que permite un contenido más explícito, Dying Light: The Beast ha censurado cierta “brutalidad incrementada” que fue parte de su promoción original.
Con la llegada de Dying Light: The Beast, se pone de manifiesto una vez más la tensión entre la creatividad de los desarrolladores y las regulaciones estrictas que deben soportar en mercados como el japonés, donde las sensibilidades del público juegan un papel determinante en las decisiones editoriales.