Estados Unidos ha confirmado este lunes que un F-16 ucraniano derribó en un combate aire-aire a un Su-35 ruso el 8 de julio de 2026, sobre el este de Ucrania. Se trata de la primera victoria de este tipo confirmada para el F-16 dentro de esta guerra. La declaración la hizo en Washington el presidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el general Dan Caine, durante una audiencia ante el Comité de Asignaciones del Senado.
La confirmación pública salió de Washington.
Fue el propio Dan Caine quien mencionó el derribo durante esa comparecencia ante el Senado. Con eso, un episodio que hasta ahora se movía entre informes de analistas y canales militares pasó a tener respaldo oficial.
Y no es un detalle menor.
Por un lado, confirma que los F-16 entregados a Ucrania ya no están encajados solo en tareas defensivas. Por otro, el avión abatido tampoco era cualquier aparato: el Su-35 es un caza multimisión de altas prestaciones y figura entre los mejores aviones de combate que siguen en servicio en la Fuerza Aeroespacial rusa. La pérdida del Su-35 tiene así un peso operativo claro, pero también uno simbólico para Moscú, porque deja ver que incluso sus plataformas más potentes pueden quedar expuestas frente a una fuerza ucraniana que mezcla aviones occidentales, defensa antiaérea y tácticas cada vez más pulidas.
Desde que los F-16 ucranianos llegaron en el verano de 2024, estos aparatos se habían usado sobre todo en misiones defensivas, en especial para interceptar drones y misiles de crucero.
El derribo del Su-35 sugiere un cambio bastante claro: Kyiv habría empezado a usar los F-16 también en misiones ofensivas de combate aéreo. Eso no quiere decir que el equilibrio en el aire haya dado un vuelco completo. Rusia sigue teniendo una flota mucho mayor, además de radares, misiles de largo alcance y una red de defensa escalonada.
Ucrania, por ahora, no ha explicado públicamente cómo se desarrolló el combate.
Algunas fuentes militares rusas y varios blogueros especializados han descrito la pérdida del Su-35 como una posible emboscada coordinada. Entre las hipótesis que manejan aparece el uso de varios aviones ucranianos, quizá con un MiG-29 haciendo de señuelo, junto con apoyo de sistemas Patriot desde tierra para entorpecer la respuesta rusa. De momento, ese esquema no cuenta con confirmación oficial, aunque voces del lado ruso sí han reconocido la pérdida del avión y, según esos mismos reportes, el piloto logró eyectarse y sobrevivir. El Ministerio de Defensa ruso no lo ha confirmado de manera formal.
Mientras tanto, el programa ucraniano de F-16 sigue creciendo.
Se espera que el país reciba entre 85 y 100 aparatos procedentes de Bélgica, Dinamarca, Países Bajos y Noruega, equipados con misiles occidentales como los AIM-120 AMRAAM y AIM-9 Sidewinder. Para los analistas, este derribo indica que la adaptación ucraniana al F-16 avanza mejor de lo que muchos habían previsto, aunque el efecto real a futuro dependerá de factores mucho menos vistosos y bastante más decisivos: el suministro de munición, el mantenimiento, la logística y la capacidad de seguir afinando tácticas frente a una aviación rusa más grande y con mucha experiencia de combate. Por ahora se desconoce cuándo Kyiv dará una versión oficial y detallada de la operación.