Fairlife, la filial de lácteos de The Coca-Cola Company, reconoció el 16 de julio de 2026 que sufrió un ciberataque que la obligó a detener de forma temporal toda su producción en Estados Unidos, según informó Coca-Cola. La compañía añadió que las operaciones en Canadá siguieron con normalidad y que ni la calidad ni la seguridad de los productos se vieron afectadas.
El grupo de ransomware Anubis se atribuyó el ataque y sostiene que sacó de Fairlife 1 terabyte de información confidencial. Ahora amenaza con publicarla si no recibe un pago, siempre según la versión difundida por el propio grupo.
No existe por ahora una verificación independiente sobre la cantidad exacta de datos que habrían sido robados. Aun así, la mezcla de interrupción operativa y chantaje encaja bastante bien con la forma en que suelen actuar los grandes grupos de ransomware. En incidentes así, las víctimas no se enfrentan solo a sistemas bloqueados o funcionando a medias. También cargan con la presión reputacional y legal que puede desencadenarse si esa información termina filtrándose.
En una empresa del sector lácteo, los datos expuestos podrían abarcar información de empleados, documentos financieros, registros de producción y controles de calidad.
A Anubis se le conoce por trabajar con un esquema de doble extorsión: primero roba la información y después cifra sistemas, con la idea de apretar a la víctima por dos lados. El grupo también afirmó haber cifrado la infraestructura Nutanix de Fairlife, un dato que importa porque ese tipo de plataforma suele sostener cargas de trabajo críticas dentro de la empresa.
Además, investigadores han vinculado a Anubis con un modo de borrado pensado para eliminar archivos de manera permanente.
Eso hace que el ataque sea todavía más grave, porque incluso si una organización optara por pagar, la recuperación completa podría no estar asegurada si una parte de los datos ya fue destruida sin posibilidad de vuelta atrás. El caso vuelve a dejar expuesta la fragilidad de las empresas de alimentos y bebidas frente al ransomware. En ese sector, los entornos de TI y los sistemas de planta suelen estar muy conectados, así que una intrusión en la red corporativa puede acabar muy rápido en una parada de producción.
Esa dependencia de los entornos de TI y de los sistemas de planta añade otra capa de presión a las compañías, que necesitan restablecer la actividad cuanto antes, sobre todo cuando producen bienes de consumo cotidiano.
En Fairlife, la pausa en la producción podría afectar al suministro en Estados Unidos de productos como su leche ultrafiltrada y sus batidos proteicos, aunque no se han confirmado desabastecimientos generalizados. Coca-Cola no ha explicado públicamente si hubo alguna negociación con los atacantes ni cuándo volverán por completo las operaciones. Por ahora, Fairlife mantiene suspendida de forma temporal su fabricación en Estados Unidos.