Todos sabemos que Elon Musk se la tiene jurada a Sam Altman y a su compañía de inteligencia artificial llamada OpenAI. Elon Musk financió la empresa sin ánimo de lucro allá por 2015 y con el paso del tiempo se alejó de ella. Hoy las denuncias de este contra sus antiguos socios son de dominio público, como los correos que se han hecho públicos entre Sam Altman y Elon Musk.
Cuando OpenAI estaba cerrando un nuevo acuerdo con Microsoft en 2016, que le permitiría a la joven startup disponer de computación crítica para construir lo que se convertiría en ChatGPT, Sam Altman necesitaba la bendición de su mayor inversor por entonces: Elon Musk.
“60 millones de dólares de computación por 10 millones de dólares, y nuestra opinión sobre lo que despliegan en la nube”, envió Altman un mensaje a Musk en septiembre de 2016, según correos electrónicos recientemente revelados.
Eso se traduce en que Microsoft quería que OpenAI proporcionara comentarios y promoviera (en círculos tecnológicos, “evangelizara”) herramientas de IA de Microsoft como Azure Batch. Elon Musk odiaba la idea, diciendo que le hacía “sentir náuseas”.
Elon Musk no quería hacer publicidad de Microsoft, prefería la quiebra antes
Sam Altman volvió con otra oferta ante la primera negativa de Elon Musk. Así decía el email: “Microsoft está ahora dispuesta a hacer el acuerdo por un total de 50 millones de dólares con un ‘esfuerzo de buena fe a discreción exclusiva de OpenAI’ y plenos derechos mutuos de terminación en cualquier momento. Sin evangelizar. Sin ataduras. Sin parecer peones de marketing de Microsoft. ¿Está bien seguir adelante?”.
“Me parece bien si no usan esto en la mensajería activa”, respondió Musk. “Valdría mucho más que 50 millones de dólares no parecer la zorra de marketing de Microsoft”, decía Elon Musk usando un vocabulario muy duro. Parece que odiaba la idea de hacer publicidad de Microsoft.
Musk publicó estos correos electrónicos y otros la semana pasada como parte de una demanda que ha presentado contra OpenAI y Microsoft. Aparentemente, pretenden demostrar una asociación anticompetitiva entre las dos empresas.
Pero, sobre todo, exponen los detalles de las primeras colaboraciones y luchas de poder entre Altman y Musk, que invirtió entre 50 y 100 millones de dólares en la primera iteración de OpenAI. Trazan la evolución de OpenAI desde una organización sin ánimo de lucro de código abierto hasta lo que la demanda denomina una «filial de facto de código cerrado» de Microsoft que abandonó su misión de desarrollar IA para el bien.
Y lo mejor de estos emails es que dejan al descubierto la completa y total desintegración de la otrora prometedora asociación de Musk y Altman.
Musk y Altman lanzaron OpenAI unidos por el temor a la inteligencia de nivel humano en manos de gigantes tecnológicos como Google, solo para ver cómo se convertía en el tipo de gigante tecnológico que temían.
Tras conseguir un puesto de consejero delegado que Musk codiciaba, Altman decidió mantener la inteligencia artificial de vanguardia de OpenAI a puerta cerrada, alegando que era demasiado peligrosa para divulgarla abiertamente.
“He estado pensando mucho sobre si es posible impedir que la humanidad desarrolle IA2, escribió Altman en 2015 en un correo electrónico a Musk como argumento para poner en marcha OpenAI. “Si va a suceder de todos modos, parece que sería bueno que alguien que no sea Google lo haga primero”.