Intel ha confirmado hoy una nueva ronda de despidos dentro de la reorganización de su negocio de centros de datos. La propia compañía lo ha comunicado así, en un paso que amplía el ajuste que arrastra desde hace ya varios años.
La idea es clara: afinar el foco y recortar costes en una de las divisiones más estratégicas del grupo, la que lleva procesadores y plataformas para servidores y grandes infraestructuras. Todo esto ocurre, además, en un momento en que la competencia en el mercado de chips para centros de datos aprieta cada vez más.
Los recortes, anunciados por Intel en julio de 2026, encajan dentro de una reestructuración más amplia de la plantilla y también de las operaciones de la empresa.
Intel no ha precisado públicamente cuántos puestos afecta esta última tanda, ni cómo se reparte por equipos o por países. Lo que sí ha dejado claro es que se suma a un plan que, siempre según cifras de la propia compañía, ya ha eliminado alrededor de 15.000 empleos en 2026 y más de 25.000 desde que empezó.
La dimensión del cambio también se ve al mirar la plantilla total
Intel ha pasado de rozar los 132.000 empleados en 2022 a moverse ahora en torno a los 81.000, de acuerdo con los datos facilitados por la empresa. Una parte importante del ajuste registrado en Estados Unidos se ha concentrado en Oregon, uno de sus grandes centros de operaciones. En cambio, el impacto en mercados como Irlanda, Israel, Malasia o Vietnam sigue sin estar del todo claro.
Hay un detalle que llama especialmente la atención: los despidos alcanzan a una unidad que venía dando señales de mejora.
En el primer trimestre de 2026, el negocio de centros de datos de Intel creció un 22% interanual y llegó a unos ingresos de 5.050 millones, según sus resultados trimestrales. Aun así, el recorte también toca áreas en las que la compañía quiere simplificar estructuras, reducir capas internas y ejecutar mejor.
Desde que llegó al puesto en marzo de 2025, Lip-Bu Tan, consejero delegado de Intel, ha empujado un plan de transformación basado en menos niveles de gestión, la salida de negocios no esenciales y la revisión de grandes proyectos industriales.
En concreto, Intel ha puesto en pausa sus grandes planes de expansión fabril en Alemania y Polonia, tal como había anunciado previamente la compañía. Pero eso no significa que haya frenado toda la inversión: Intel también anunció 5.000 millones de euros para Kildare, en Irlanda, con la intención de fabricar chips Xeon 6.
Ahí se resume bastante bien la estrategia actual del grupo frente a rivales como AMD y Nvidia: recortar donde detecta duplicidades y reservar las apuestas para la capacidad de fabricación y las líneas de producto que considera realmente clave.
Para el consumidor medio quizá no sea una noticia tan visible como el lanzamiento de un chip nuevo. Aun así, sí marca la dirección de una Intel que intenta reinventarse para no seguir perdiendo terreno en uno de los segmentos más importantes del sector.
Por ahora, la compañía no ha detallado cuántos puestos se verán afectados por esta última ronda en cada país ni cuándo piensa dar por cerrada la reestructuración.