A mediados de los años 90, con la película de Super Mario Bros ya estrenada, el fracaso de Virtual Boy sobre sus hombros y las dudas sobre su futuro al pasarse a las 3D con Nintendo 64 (consola que nació tras un sonado desencuentro con Sony), Nintendo estaba en la cuerda floja. Tanto, que bajo el atento radar de la empresa y de su “sello de calidad” se colaron productos que de ninguna otra manera ahora tendrían cabida. Uno de ellos, absolutamente desconocido para el público fuera (y dentro, para qué negarlo) de Japón era una auténtica salvajada que a día de hoy resulta increíble y que váis a tener que leer dos veces para poder creéroslo. Bienvenidos a Shitamachi Ninjo Gekijo.
Mario, no seas tan Super
Literalmente, Shitamachi Ninjo Gekijo puede traducirse como “Teatro de la empatía de la ciudad baja”, y normalmente se conoce más como Lily Franky Theater. No se trata de un videojuego, de hecho: se trataba de una revista virtual oficial de Nintendo para la Satellaview, aquel periférico de Super Nintendo que solo apareció en Japón y que consiguió más de 100.000 suscriptores en un proto-Internet que nos dio secuelas de The Legend of Zelda o Super Mario que incluso llegaron a tener orquesta y voces en directo. A día de hoy, eso sí, se consideran prácticamente perdidas en su estado natural.
Pero lo que hoy nos interesa es esta revista creada por el cómico japonés Lily Franky, que en 1995 apenas pasaba de los 30 años y se atrevió con lo imposible: lanzar un cómic repleto de salvajadas, vulgaridades, tacos y muchas barbaridades más con Super Mario como protagonista. Sabemos que al menos se llegaron a publicar siete números a lo largo de 1995 y 1996, aunque la mayoría de ellos se encuentran lógicamente perdidos a día de hoy ya que más que poder bajárselos, se “retransmitían” a las consolas. El Internet antes de Internet era todo un tema.

Pero entonces, ¿de qué trataba exactamente Shitamachi Ninjo Gekijo? Bueno, se trataba de diferentes cómics e historietas, a cada cual más terrible y fuera de lugar. La primera, para abrir boca, presentaba a Mario y Toad recibiendo una foto de una fan. Toad, por supuesto, se fascina por sus pechos, y Mario entra en pánico al saber que no ha tenido novios antes. Toad, después, insiste en que le gustaría “tener más tetas” en su vida. Al final, la carta menciona que a la mujer le gusta “xxx” (sí, es lo que imagináis) y tanto Mario como Toad no saben qué responder. Ah, sí: para colmo de colmos, se invita a las fans a enviar fotos para que Mario y Toad las critiquen. ¿Japón en los 90? Una cosa que hubo.
El piti de después de matar goombas
Pero este era solo el preludio. En la segunda historia, Mario ordena a Toad que mate a alguien con un cuchillo de mantequilla, y, al fallar, le castiga. La víctima era ni más ni menos que Bowser, que se va a la policía para intentar saber quién fue el asesino. En el siguiente cómic, sin relación con el anterior, Mario y Toad intentan salir de la cárcel en la que les acaban de condenar a 20 años. Para librarse, Mario saca un taladro de su escroto (ojalá me lo estuviera inventando) y, cavando, consiguen salir… en Brasil. Toad no sabe qué hacer porque no sabe nada del país, pero Mario se dedica a, simplemente, relajarse.

Todo es muy sórdido, pero nada hace presagiar lo que está por venir: en la siguiente historia, Mario y Toad se pelean para ver quién debe conducir el Windows 95 (porque, o sea, se creen que es un coche) y entonces entra Bill Gates. Sí, ese Bill Gates. Ambos le piden dinero, pero en su lugar el hombre más rico del mundo les dice que el Windows 95 no es un coche, sino algo que se pone en la cabeza, y ambos le llaman “idiota”. El humor japonés: si no lo pillas, es normal.
Hasta aquí es posible que pienses que no es para tanto, pero lo peor está por llegar en las dos últimas revistas que se lanzaron. En la primera, Peach y Toad se ponen a criticar a Mario, que no está presente, y acaban teniendo sexo oral (sí, de verdad), pero el fontanero les acaba pillando y, del enfado, les asesina de distintas maneras (estrujando a Toad y saltando encima de Peach). Después de matarlos, se enciende un cigarrillo y afirma que tiene una nueva novia… ¡Que acaba siendo Bowser! Os recuerdo que todo esto apareció de manera oficial, alguien en Nintendo dijo “Mario fumando, matando a Peach y liándose con Bowser, todo correcto”.

En el último episodio, Mario le revela a Toad que es un alienígena de la “Estrella Celestial Shinjuku Entrepierna Desnuda” y debe volver a su planeta. Sus amigos, entonces, le echan en cara todo tipo de cosas, y decide quedarse para arreglarlo. Al final del todo, un hombre coge el mando de una consola, empieza controlando a Mario… Y de inmediato acaba en el Infierno, donde tiene sexo con una langosta. No esperes que Switch 2, por muchas novedades que incluya, tenga algo así, desde luego.
Satellaview murió del todo el 30 de junio del 2000, con Internet ofreciendo todo tipo de contenidos similares a los suyos. Eso sí, Nintendo empezó a cuidar mucho mejor lo que ofrecía a sus fans y, de hecho, no volvimos a tener una adaptación a cine hasta Super Mario Bros: La Película hace dos años. Y ya nadie en la empresa se pregunta si Mario debería matar a Peach y Toad después de pillarlos en pleno cunnilingus. Aunque, ¿quién sabe? Siempre hay hueco en el próximo Smash para Mario Fumón…