Las fundas para móvil siguen teniendo sentido en 2025, aunque los móviles de gama alta aguanten mucho más
Las fundas no han perdido su sitio en 2025. Y eso que los móviles insignia de 2024 y 2025 son bastante más duros que los de hace solo unos años. La mejora está ahí. Materiales como el Ceramic Shield de Apple en el iPhone y las últimas generaciones de Gorilla Glass y Gorilla Armor de Corning han subido el listón frente a caídas, arañazos y salpicaduras, así que llevar el teléfono sin nada alrededor ya no da tanto vértigo como antes.
Pero una cosa no quita la otra. Las fundas siguen haciendo falta, solo que hoy la razón no es exactamente la misma que hace diez años. Un flagship actual tiene muchas más opciones de salir vivo del uso diario sin terminar destrozado, sí, pero de ahí a llamarlo indestructible hay un trecho.
Apple, Samsung y el resto de fabricantes llevan tiempo reforzando pantallas y chasis para que los golpes accidentales hagan menos daño. Y se nota en el uso real.
Samsung, por ejemplo, sostiene que el Gorilla Armor del Samsung Galaxy S24 Ultra resiste los arañazos unas cuatro veces mejor que generaciones anteriores. Aun así, las pruebas independientes de durabilidad siguen enseñando dónde está el límite: varios móviles premium continúan rayándose alrededor del nivel 6 en la escala de dureza de Mohs, como ha pasado en ensayos independientes con modelos como el Google Pixel 9 Pro XL.
La mejora existe, pero la pantalla no se vuelve inmune por arte de magia. Llaves, arena o un golpe mal dado siguen pudiendo dejar marca.
El problema de verdad sigue siendo el precio de la reparación. Cambiar la pantalla de un gama alta suele costar entre 200 y más de 400 euros, según el modelo y el servicio técnico, así que una funda sigue pareciendo una compra bastante sensata. No va a evitar todos los daños, pero sí baja las probabilidades de que una caída tonta acabe convertida en una factura de varios cientos de euros.
Y luego están los números, que no encajan con la idea de que las fundas ya no importan. Según estimaciones de mercado, el mercado global de fundas para móviles pasó de los 23.000 millones en 2023, y algunas proyecciones apuntan a que podría superar los 50.000 millones en 2033.
Ese crecimiento no sale solo de la necesidad de proteger el teléfono. Las fundas también se han convertido en accesorio, y a veces en herramienta: hay modelos con tarjetero, con soporte, con compatibilidad para carga magnética, hechos con materiales reciclados e incluso diseños pensados para disimular el balanceo que provocan esos módulos de cámara cada vez más grandes cuando dejas el móvil sobre la mesa.
También pesa la regulación. La Unión Europea tiene previsto que en 2027 entren plenamente en vigor nuevas exigencias de durabilidad y reparabilidad para smartphones, incluida la disponibilidad de piezas de repuesto durante un máximo de siete años.
Eso debería traducirse en teléfonos más longevos y más fáciles de mantener. De momento, nada apunta a una despedida de las fundas. Ir sin funda tiene su encanto porque te deja disfrutar del diseño original, algo que voces como Marques Brownlee o editores de The Verge han defendido más de una vez; para la mayoría de la gente, eso sí, entre llevar un móvil bonito en la mano y jugársela a una pantalla de 400 euros, la funda todavía gana.