Durante el Mundial 2026, FIFA y Lenovo pusieron en manos de las 48 selecciones la misma plataforma de análisis de datos. La idea era simple: que incluso los equipos con menos presupuesto llegaran a sus partidos con herramientas que, hasta no hace mucho, estaban reservadas casi de hecho a las estructuras más fuertes, más ricas y mejor armadas del fútbol mundial. Ese gesto ayuda a entender VARios resultados que hace unos años habrían sonado casi imposibles, como el empate de Cabo Verde contra España o la eliminación de Alemania frente a Paraguay.
La ampliación del torneo a 48 equipos explica una parte del desorden, pero no alcanza para contar todo lo que pasó.
La meta era que también las selecciones con menos recursos pudieran preparar sus partidos con instrumentos que, hasta hace poco, quedaban en la práctica del lado de las federaciones más poderosas y mejor organizadas del planeta fútbol.
Si todas las federaciones trabajan con el mismo sistema de datos, la ventaja histórica de las grandes ya no pasa solo por quién tiene dinero para pagar mejores redes de scouting, análisis más finos del rival o simulaciones tácticas más avanzadas.
De acuerdo con la información que difundieron FIFA y Lenovo alrededor del torneo, el sistema procesa más de 2.000 métricas y entrega análisis en tiempo real, simulaciones de partido y desgloses de rendimiento tanto de los propios jugadores como de los adversarios.
Dicho de forma más directa, actúa como una herramienta que empareja el terreno. No asegura victorias, claro, pero sí permite preparar un partido con un nivel de detalle que antes estaba concentrado en muy pocas manos.
Y ese cambio habría sido decisivo para varias selecciones que suelen entrar en la categoría de menores.
En el caso de Cabo Verde, su cuerpo técnico habría retocado el plan defensivo a partir de patrones muy concretos del ataque español. Paraguay, por su parte, habría armado una estructura muy específica para desactivar a Alemania. Lo importante no es solo el marcador final. Lo que cambia de verdad es que hoy Cabo Verde y Paraguay pueden presentarse a ese partido con herramientas comparables a las de los favoritos.
Eso tampoco quiere decir que el acceso parejo borre de golpe todas las diferencias.
Varios expertos señalan ahora otro cuello de botella: el factor humano. Tener delante los mismos informes, los mismos paneles y las mismas simulaciones sirve de bastante poco si una federación no dispone de analistas y entrenadores capaces de convertir ese caudal de información en decisiones claras, útiles y aplicables. La brecha no desaparece. Se mueve. Ya no está tanto en el presupuesto tecnológico como en la capacidad para interpretar bien los datos y en la velocidad con la que ese trabajo se convierte en ajustes tácticos reales.
La analítica, además, no es el único campo en juego.
Según la información difundida por FIFA y Lenovo, la compañía también creó avatares 3D de los 1.248 jugadores del torneo. Esa base visual se usa para respaldar decisiones semiautomatizadas sobre el fuera de juego y para generar visualizaciones de VAR más claras, tanto para aficionados como para comentaristas y equipos. Y fuera del césped, la tecnología también aparece en otros frentes: seguridad, control de aglomeraciones en las 16 ciudades anfitrionas, filtrado de mensajes abusivos en redes sociales dirigidos a futbolistas y nuevas experiencias para el público, como las cámaras de árbitro con estabilización inteligente.
Todavía no está claro si esta democratización del análisis va a cambiar el fútbol de selecciones a largo plazo.
También siguen abiertas preguntas sobre una posible homogeneización táctica, sobre la privacidad de los datos y sobre los sesgos de los modelos. A eso se suma que todavía faltan relatos de primera mano de muchas selecciones pequeñas y debutantes. Por ahora, el mensaje que deja el Mundial 2026 parece bastante nítido: las sorpresas no salen solo de un torneo más grande, sino también de un reparto tecnológico que ha achicado la distancia entre los gigantes y los tapados.