Sony ha arrancado hoy la reconversión de su planta de Thalgau, en Austria. Durante años, de allí salieron discos para PlayStation; ahora pasará a estar dedicada a la fabricación de microlentes ópticas. La inversión es de 30 millones y, por cómo lo plantea la compañía, el movimiento apunta a algo bastante más de fondo que un simple cambio de producción: el desgaste paulatino del juego físico dentro del universo PlayStation.
A día de hoy, la fábrica saca unas 600.000 unidades diarias, siempre según cifras de Sony, y alrededor de la mitad de ese volumen corresponde a juegos de PlayStation. El problema, para ese negocio, es lo que viene después: Sony calcula que los pedidos caerán hasta quedarse en apenas un 10% del nivel actual en 2028. Si ese escenario se cumple, la demanda de formato físico seguirá desplomándose en los próximos años.
La transformación de la planta va de la mano del plan de Sony para dejar de producir juegos físicos para sus consolas en enero de 2028. Si ese calendario se mantiene, sería uno de los pasos más claros y más contundentes hasta ahora hacia una PlayStation enteramente digital.
Y no es un movimiento aislado.
Sony lo sititu dentro de un cambio de mercado que ya lleva tiempo en marcha: según la propia empresa, cerca del 80% de las ventas de juegos ya fueron digitales en 2025, frente a alrededor del 13% que representaban en 2013.
En poco más de una década, la distribución digital ha dejado de ser una alternativa para convertirse en la norma.
La planta de Thalgau no va a echar el cierre. Lo que hará Sony con sus instalaciones en Austria es reconvertirlas para fabricar microlentes ópticas, con salida en sectores que están creciendo, como la automoción, incluidos los sistemas avanzados de asistencia a la conducción y la proyección sobre la carretera, además de dispositivos de realidad aumentada y realidad virtual.
La jugada encaja mejor con un mercado mucho mayor que el del disco físico. Lo que busca Sony es recolocar la planta dentro del negocio de la optoelectrónica, un segmento que, de acuerdo con las previsiones que maneja la compañía, podría acercarse a los 64.000 millones en 2030. Si se cumple el calendario previsto, la producción a gran escala de estas microlentes podría empezar ya en 2027, incluso antes de que termine por completo la fabricación de juegos físicos.
Uno de los frentes menos delicados del cambio es el laboral. Los 300 empleados de la planta serían recolocados y recibirían formación para incorporarse al nuevo negocio, siempre según el plan de Sony, con la idea de evitar despidos en un momento de transición industrial especialmente sensible.
Desde el punto de vista estratégico, parece un movimiento difícil de deshacer. También vuelve a poner sobre la mesa la idea de una futura PlayStation 6 volcada por completo en lo digital, ya que prescindir de la fabricación de discos y de parte de la cadena minorista podría mejorar los márgenes y hacer más simple la distribución. Para los jugadores, en cambio, el coste sería otro: menos margen para revender, la desaparición práctica del mercado de segunda mano en los nuevos lanzamientos y más interrogantes sobre la preservación a largo plazo.
Todavía no está claro si este giro industrial acabará traduciéndose en una PlayStation completamente digital.