Netflix se prepara ahora para lanzar Netflix House, una red de espacios permanentes con tiendas, comida y experiencias inmersivas basadas en algunos de sus mayores éxitos. Con este movimiento quiere meterse en un terreno físico que Disney domina desde hace décadas. La apuesta es clara: que la relación con el público no se acabe en cuanto alguien apaga la televisión. Y, de paso, acercarse bastante más al modelo Disney que al de una plataforma de streaming al uso.
No es una ocurrencia salida de la nada. Netflix lleva tiempo probando cosas fuera de la pantalla: eventos temporales, restaurantes temáticos, activaciones promocionales y experiencias inmersivas vinculadas a varios de sus títulos más populares.
Netflix House sería el paso siguiente, y bastante más ambicioso: espacios fijos donde los visitantes podrán comprar merchandising, participar en actividades interactivas y comer en ambientes inspirados en series como Stranger Things, Bridgerton o El juego del calamar.
Sobre el papel, la idea tiene sentido. También le abre a Netflix una vía para ingresar más dinero y para afianzar la fidelidad de sus fans. En un mercado cada vez más peleado, el movimiento encaja. El streaming ya no crece con la facilidad de hace unos años y las grandes plataformas andan buscando nuevas formas de hacer negocio.
Disney tiene parques, cruceros, tiendas y licencias. Warner Bros. saca partido de sus marcas con estudios y atracciones. Universal hace lo suyo con parques y experiencias repartidas por todo el mundo. Netflix, en cambio, ha mandado en la distribución digital, pero su presencia física a gran escala está todavía en una fase muy temprana.
El problema de fondo está en cuánto duran sus franquicias. Disney puede llenar parques y tiendas con marcas intergeneracionales como Mickey, las princesas, Marvel, Star Wars o Pixar, reconocibles incluso para gente que no ha visto la última película.
Netflix depende mucho más de un ciclo de atención rápido: sus series explotan durante unas semanas, copan las redes sociales y luego, en muchos casos, pierden relevancia con la misma velocidad. Ahí está la dificultad de convertirlas en atracciones permanentes, sobre todo porque una experiencia basada en una serie puede funcionar de maravilla hoy y quedarse sin tirón dentro de cinco o diez años.
La cosa se complica más porque Netflix también tiene fama de cancelar producciones con relativa rapidez. Si una franquicia no sigue adelante, su valor como destino físico puede caer antes siquiera de amortizar una inversión fuerte en instalaciones, decoración, personal y marketing.
Aun con todo, Netflix sí cuenta con propiedades potentes y con una capacidad notable para detectar tendencias globales. También tiene margen para rotar experiencias con más facilidad que un parque temático tradicional y apoyarse en eventos estacionales, estrenos y colaboraciones para reactivar el interés. Lo que todavía no se sabe es si Netflix House conseguirá convertir algunos de sus éxitos en marcas duraderas y plantarle cara a Disney también en relevancia cultural.