Los objetivos medioambientales de Apple son posibles, en gran parte, gracias a los robots que desmontan los productos viejos para poder reciclar sus partes y materiales. Unos robots que han estado evolucionando y que ahora, en su última iteración, han abandonado algo de finura, aunque lo han hecho para un bien mayor.
La velocidad como elemento clave
El primer robot de reciclaje de Apple, Liam 1.0, fue presentado en 2016 como una prueba de concepto. Aunque era innovador, con la capacidad de desmantelar un iPhone hasta sus componentes más básicos en 12 minutos, era demasiado lento para tener un impacto significativo a gran escala. Liam 2.0 mejoró drásticamente, reduciendo el tiempo de desmantelamiento a solo 11 segundos.
Daisy, la versión actual, es ligeramente más lenta, tomando unos 18 segundos por dispositivo, pero esta disminución de velocidad se compensa con creces por su mayor eficiencia y flexibilidad. Daisy puede separar casi el doble de materiales que Liam y ocupa mucho menos espacio, reduciendo la huella de 29 partes a solo cuatro módulos principales.
Esta no es la única mejora, pues si Liam 1.0 trabajaba con un solo modelo de iPhone y Liam 2.0 lo hacía con hasta seis modelos, Daisy ha pasado de los 18 modelos iniciales a los 29 actuales. Una flexibilidad que permite a Apple recuperar componentes y materiales de prácticamente cualquier iPhone que haya estado en el mercado.
Tal como ha descubierto TechCrunch recientemente, Apple se dio cuenta de que, dado que solo busca reutilizar las materias primas y no los componentes, no era necesario perder tiempo. En lugar de desatornillar cuidadosamente cada componente, Daisy los arranca, lo que acelera enormemente el proceso. Aunque el resultado es mucho menos estético, lo cierto es que la apariencia de los teléfonos procesados no es importante; lo que cuenta es la eficiencia en la recuperación de materiales valiosos y la velocidad con la que puede hacerse.
Tengamos en cuenta que el impacto de Daisy aún es moderado en comparación con la magnitud de los residuos electrónicos. Daisy puede desmantelar hasta 1,2 millones de iPhone al año, una cifra realmente impresionante, pero pequeña en comparación con los 150 millones de smartphones (no solo de iPhone) desechados en 2023.
Afortunadamente, con la reducción de su tamaño y su mayor flexibilidad, más pronto que tarde podemos ver nuevas instalaciones de Daisy en otras ubicaciones. Más allá de esto, tal como recogen en TechCrunch, Apple ve a Daisy no solo como una herramienta de trabajo, sino también como un reclamo. Los robots captan la atención del público de una manera que las iniciativas medioambientales no logran. A través de Daisy Apple espera promover otras formas de reducir los residuos electrónicos, como alentar a las personas a dar nuevos usos a sus viejos iPhone o directamente enviarlos para su reciclaje en lugar de guardarlos en un cajón. Cada iPhone cuenta.