A mediados de julio de 2026, si uno mira las cotizaciones de esas sesiones, SpaceX se está moviendo entre 135 y 139 dólares por acción, casi otra vez en el mismo punto en el que salió al Nasdaq, después de haber dejado atrás cerca de un tercio desde los máximos. Ese recorrido también sirve para corregir una idea que se ha repetido bastante estos días: no hay una “larga racha” de pérdidas en bolsa, porque SpaceX no lleva años cotizando. En realidad, empezó a hacerlo el 12 de junio de 2026.
La historia, entonces, va por otro lado. En cuestión de semanas, SpaceX pasó de firmar una de las OPV (ofertas públicas de venta) más grandes que se recuerdan a convertirse en uno de los ejemplos más comentados de volatilidad extrema en el mercado de Estados Unidos.
Debutó con el ticker SPCX a 135 dólares por acción y, según los términos de la colocación, la operación levantó entre 75.000 y 86.000 millones, con una valoración inicial alrededor de 1,77 billones. En los primeros tramos de cotización, y a la vista de cómo evolucionaron esas primeras sesiones, el entusiasmo empujó de forma temporal la capitalización de SpaceX por encima de los 2 billones.
Pero la euforia duró poco. En menos de un mes, siempre según la evolución bursátil desde la OPV, el valor se dejó por el camino unos 850.000 millones de capitalización y volvió a la zona del precio de salida. Eso significa que muchos inversores que compraron en el pico arrastran pérdidas serias, mientras que quienes entraron en la propia OPV apenas han visto moverse su posición.
Aun con esa corrección, en Wall Street sigue dominando una visión alcista sobre SpaceX. Según el consenso de analistas, más del 80% de las firmas que siguen a la compañía mantienen recomendación de compra, y el precio objetivo medio se sitúa entre 236 y 239 dólares por acción. Traducido: un potencial de subida de más del 70% frente a los niveles actuales.
Hay estimaciones todavía más agresivas. Un analista de Raymond James, por ejemplo, llegó a poner sobre la mesa un objetivo de 800 dólares por acción.
Ese optimismo convive, al mismo tiempo, con un escepticismo que no deja de crecer. Los críticos recuerdan que SpaceX cotiza con un múltiplo precio/ventas futuro por encima de 30, entre los más altos del Nasdaq-100, una cifra difícil de sostener incluso en una empresa con un relato tan potente detrás.
Y hay más. Varios inversores vienen señalando que la compañía no espera entrar en beneficios hasta 2027, mientras la quema de caja sigue apareciendo como uno de los focos de preocupación.
La llegada de SpaceX al parqué venía precedida por una escalada meteórica en el mercado privado: unos 137.000 millones a comienzos de 2023, alrededor de 208.000 millones en una oferta de compra de agosto de 2024 y cerca de 800.000 millones en diciembre de 2025, según las valoraciones que fueron trascendiendo en aquellas operaciones.
Ya como cotizada, SpaceX entró con rapidez en el Nasdaq-100 y anunció junto a Tesla el proyecto de semiconductores Terafab, al que algunos analistas dan bastante peso a la hora de sostener parte de la valoración futura. También siguen corriendo las especulaciones sobre una posible fusión entre Tesla y SpaceX, aunque por ahora siguen siendo solo eso.
Lo que todavía no está claro es qué papel jugarán en las próximas semanas los empleados que ya tenían acciones antes de la OPV, los viejos inversores privados o el apetito internacional.