Este 2024 hemos vivido tantos fracasos tremebundos en el mundo de los videojuegos que a veces se nos olvida que en 2023 tuvimos un desastre como Payday 3, que continuaba la historia de la segunda parte 12 años después y cuya propuesta no terminó de llegar: la crítica fue más bien frío con él, llegando a decir que estaba totalmente vacío, y el público no alcanzó las cifras que esperaban en el estudio. Ahora, un año después, siguen insistiendo en que el juego aún puede salvarse.
A robar carteras
Cuando el año pasado salió Payday 3, el juego no permitió entrar a nadie a las partidas online durante varios días. Cuando los servidores lo permitieron, nadie se emocionó lo suficiente como para convertirlo en un imprescindible o en un juego al que volver una y otra vez a lo largo del tiempo. Las cifras han pasado de 1,3 millones de jugadores a tan solo 724 (ahora mismo), menos del 10% de las que hacen lo propio con la segunda parte, y debería ser suficiente para chafar el ánimo a cualquiera. Pero no a Starbreeze.
A lo largo de estos meses, Starbreeze ha echado a dos CEO, lo que no da una buena imagen de marca, pero ahora parecen creer que están en disposición de darle al público lo que quiere. De hecho, se han dado cuenta de que el juego “sufre de una personalidad múltiple, intentando ser muchas cosas a la vez”. Tienen tiempo para hacer que el juego se enfoque, y hacer que cada misión sea “más tensa y valiosa”.
Pero, cuando un juego de hace un año no llega ni siquiera a los 1000 jugadores de media, le gana su precuela y claramente no tiene una comunidad montada, ¿realmente merece la pena intentar darle la vuelta, sobre todo cuando no es un juego como servicio y, por tanto, no pueden cambiarlo de la noche a la mañana sin gastarse un dineral por el camino? Si lo consiguen, de alguna manera mágica, será algo inédito e increíble de ver, pero lo cierto es que cualquier otro habría abandonado el barco o lo habrían intentado con un posible Payday 4. Cosas veredes, Sancho.