Bungie, el estudio detrás de Destiny 2 y Marathon, ha confirmado hoy, 25 de junio de 2026, una nueva ronda de despidos. Llega apenas unas semanas después de la última actualización de contenido de Destiny 2, publicada el 9 de junio. Y no estamos hablando de un ajuste menor: la reestructuración golpea a una parte muy amplia del estudio.
La compañía no ha puesto todavía una cifra sobre la mesa, pero Sony Interactive Entertainment ya ha dejado claro que el impacto va en serio. Según ha trasladado la propia Sony, el recorte afecta a buena parte del equipo de Destiny, a parte del personal de Marathon y también a varios empleados de apoyo dentro de Bungie.
La confirmación más contundente la dejó Hermen Hulst, ejecutivo de Sony Interactive Entertainment, al definir el ajuste como “significativo”. Por lo que ha explicado, el golpe cae sobre todo en el equipo que llevaba el grueso de Destiny, la saga que durante años ha sostenido el estudio.
No hay números oficiales por parte de Bungie, pero las informaciones que circulan fuera de la empresa dibujan un escenario muy duro: cerca del 50% de la plantilla, unas 400 personas. Si esa cifra acaba confirmándose, estaríamos ante uno de los mayores recortes recientes dentro de un estudio interno de PlayStation.
La versión oficial de Bungie apunta a dos motivos. Por un lado, Destiny 2 “no ha cumplido las expectativas durante estos últimos años”. Por otro, sus nuevos proyectos siguen en fases tempranas de incubación. Con ese panorama, sostiene la empresa, ya no era posible mantener la estructura que tenía hasta ahora.
Tampoco es una noticia que aparezca de repente. Bungie ya había pasado por otras rondas de despidos en los dos últimos años: unas 100 salidas a finales de 2023 y otras 220 en 2024, siempre según las cifras que maneja la industria. Esta nueva ola encaja con la sensación de que el estudio lleva tiempo intentando corregir unos costes que dejaron de cuadrar.
A eso se añade el ruido interno. Los recortes coinciden con informaciones sobre la salida de Justin Truman al frente del estudio, justo cuando analistas y empleados se preguntan cuánta capacidad creativa le queda a Bungie para sacar adelante nuevas franquicias.
Marathon, eso sí, no desaparece de la foto. El shooter de extracción de Bungie, lanzado en marzo, habría tenido un rendimiento comercial complicado, según varias informaciones, pero Hermen Hulst sigue viéndolo como una pieza importante dentro del catálogo de Sony.
El problema real va bastante más allá de un solo juego. Sony compró Bungie en 2022 por 3.600 millones como parte de su gran apuesta por los juegos como servicio. Desde entonces, sin embargo, el sector ha entrado en una fase de repliegue después de años de sobreinversión, cierres, cancelaciones y tropiezos muy visibles como Concord o Highguard.
Lo que está pasando ahora en Bungie resume bastante bien ese cambio de ciclo: menos ambición disparada, más recortes y muchas dudas sobre qué estudios podrán aguantar una estrategia de juego como servicio que ya no transmite la misma seguridad que hace apenas unos años. Por ahora, el alcance final de la reestructuración dentro del estudio sigue sin conocerse.