La extraña película picante mexicana que reutilizó todo el decorado de ‘Dune’ y que nadie conoce

Es curioso cómo la filmografía de todos los países ha tenido un momento donde se ha ido de madre en lo sexual. En Estados Unidos ocurrió con las famosas “nudie cuties”, que en los años 60 perpetraron toda clase de guiones idiotas con la excusa de ver gente desnuda, sin llegar en ningún momento a ir más allá. Películas delirantes como Nude on the moon (donde un grupo de exploradores llegan a la luna y se dan cuenta de que está repleta de mujeres desnudas) o Goldilocks and the three bares (que encima era un musical) dieron muchísimo dinero antes, claro, de que Internet existiera.

En España, después de la dictadura de Franco, fue el momento del “destape”, comedias calenturientas con guiones sencillos destinadas exclusivamente a ver hombres del día a día al lado de mujeres despampanantes. Y, por supuesto, ¿qué decir de México? Allí, las “sexy comedias” de los 80 y 90 dieron como lugar películas muy pequeñas, muy baratas y, sobre todo, muy efectivas en taquilla… sobre todo porque reutilizaban todo lo que les caía en las manos.

Dos chalaos en modo random

Un ejemplo muy claro de lo que fue el género es una película olvidada por el tiempo y titulada Dos nacos en el planeta de las mujeres, de 1991, en cuyo cartel dos hombres con traje de astronauta por arriba y ropa interior por abajo estaban siendo adorados por multitud de mujeres en cueros. Sin embargo, aunque uno podría creer que nadie recordaría semejante parvada, lo cierto es que ha pasado a la historia por el motivo más descabellado posible: reutilizaron todo lo que pudieron de Dune, versión David Lynch.

Hay un motivo para ello, claro: Lynch rodó en 1984 la adaptación de la mítica novela de Frank Herbert en los estudios Churubusco de Ciudad de México. El motivo era obvio: era más barato y podía sacarle todo el partido a los 40 millones de dólares que costó. Además, ningún otro estudio de cine en Europa les habría permitido en aquel momento montar 80 decorados en 16 pabellones distintos. Lynch rodó durante medio año en México y Ciudad Juárez con más de 20.000 extras en una producción tortuosa que resultó en un fracaso de taquilla.

Siete años después, los estudios Churubusco seguían en pleno funcionamiento. Allí se rodaron, de hecho, películas como Cariño, he encogido a los niños, Desafío Total, Rambo II o Licencia para matar. Pero, claro, también era el hogar de pequeñas películas locales como Chiquita pero picosa o Danzón: al fin y al cabo, era el estudio más grande de Mexico, y a día de hoy sigue siendo uno de los más importantes. Y Alberto Rojas no estaba dispuesto a dejar que su legado se perdiera.

Send Dunes

En 1990, Rojas, apodado “El caballo” y con experiencia actuando y dirigiendo películas picantes (tuvo hasta una saga propia, “Un macho”), decidió intentarlo con la ciencia-ficción, rodando, como venía siendo habitual, en los Estudios Churubusco. ¿El argumento? Te lo puedes imaginar: es una especie de El Planeta de los Simios, solo que, en lugar de monos, lo que se encuentran los científicos al llegar a otro planeta son mujeres de buen ver y poca ropa que se mueren por ser inseminadas.

La cosa queda a medio camino entre Mad Max y la comedia absurda, con varios chistes que incluyen hablar con un loro (sin mucho motivo), confusiones lúbricas, canciones, bailes y persecuciones. El resultado, visualmente, es pintón precisamente gracias a haber utilizado todos los trajes y efectos visuales que Lynch se dejó en el estudio. Ahora bien, el resto de la película, tanto en guion como en puesta en escena, es absolutamente desechable, una de estas cosas que uno no se cree que puedan existir hasta que las ve. Solo para amantes del cine más trash… Y, por supuesto, para los fans acérrimos de Dune. Eh, no todo va a ser Denis Villeneuve, se siente.