Han pasado 23 años desde que Microsoft adquirió a Rare por 375 millones de dólares, una inversión que buscaba hacerse con franquicias icónicas como Conker’s Bad Fur Day y Perfect Dark. Sin embargo, un reciente comentario de Chris Seavor, creador de Conker, ha revelado que algunos de los ejecutivos de Microsoft que tomaron esta decisión no estaban completamente informados sobre la industria de los videojuegos. Durante una visita a las oficinas de Rare, uno de ellos expresó su alegría al ver una serie de pósters de Donkey Kong, exclamando: “¡Esto está genial! Somos los dueños de Donkey Kong, ¿verdad?”.
No eran los dueños de Donkey Kong
Este malentendido sorprendió a Seavor, quien tuvo que corregir a los ejecutivos sobre la propiedad de la emblemática franquicia. A pesar de que Rare desarrolló exitosos títulos de Donkey Kong, como Donkey Kong Country, los derechos de la licencia siempre han pertenecido a Nintendo, que había prestado a Rare la posibilidad de trabajar con el personaje. Esto pone de manifiesto la desconexión que a veces puede existir entre executivos de grandes corporaciones y el entorno específico de sus adquisiciones.
La confusión, aunque sorprendente, no es del todo inusual en un sector tan dinámico y, a menudo, inexplorado por aquellos que no son aficionados al mundo de los videojuegos. Microsoft, al invertir en Rare, buscaba reforzar su catálogo en un período en que competía con otras plataformas y necesitaba franquicias que atrajeran a una base de jugadores más amplia. A pesar de la equivocación, Rare demostró su valía al generar títulos memorables que dejaron huella en la historia del gaming.
A día de hoy, Donkey Kong sigue siendo una de las franquicias más queridas por los jugadores y forma parte integral de la estrategia de Nintendo, que también ha explorado su potencial en el cine.